lunes, 7 de diciembre de 2009

CLAIM


Tengo la sensación de que todo va bien mientras hago juicios sobre parcelas muy pequeñas de lo que pasa y me pasa ultimamente. Como si tuviese que llevar puestos unos chismes de esos de cuero que les ponen a los caballos para que no abarquen demasiado con la vista y no se sobresalten.

Pero la verdad es que no me va bien. Cuando abro la perspectiva y miro alrededor y hacia adentro la verdad es que no sé por cual de todos los aspectos que apestan de mi vida empezar a gritar primero.

Y sigo intentando mantener esa media sonrisa, esconder las viejas fotos para no castigarme más con pruebas físicas, y repetir una y mil veces como un mantra que no me puedo quejar. Que no me quiero quejar.

Quizá es que ya no me sé quejar. Que es queja en sí quedarse aquí sentado recordando momentos más puros, más limpios, más reales. Momentos que en mi cabeza se reproducen con los blancos tan quemados que deslumbran, con el frío tan intenso que corta la respiración, con las palabras tan precisas que no sobra ni falta una sola de ellas.

No me quejo. Enfoco distancias más cortas, detalles, pequeñeces. Lo que va bien, lo que se le vende a la galería, lo que sale en portada.

Estoy bien. No pasa nada. ¿Me oyes? ¿Me oigo yo acaso? Estoy bien.

O no. Pero en realidad qué más da.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

THERE IS NOT FALL


A veces tenerlo todo, significa no tener nada más. Quemar los planos de los túneles secretos, y poner cadenas en las salidas de emergencia.




Tenerlo todo, menos el pensamiento de ir a necesitar un paracaidas. No llevarlo. Saltar y pensar: tú me sujetas. Deshechar las dudas. No darnos opción a tener miedo. Tú me sujetas y si no es así me voy a dar tal hostia que me voy a poner del revés.




Pero no va a pasar. Por eso no nos permitimos las coderas, no llevamos chaleco salvavidas, vamos a toda velocidad, sin cuidado, como el niño que todavía no se estrelló nunca de la bicicleta. Sin cuidado. No hace falta el cuidado. Porque tú me cuidas.




Y hacemos como si nunca nos hubiéramos decepcionado, como si nadie nos hubiera dejado nunca caer, como si no nos hubiéramos levantado mil y una veces del suelo y mirándonos la ropa sucia y las rodillas heridas pensando: no lo hago más.




Porque el miedo, no es el antídoto del dolor. Porque estar alerta, es lo contrario de tener sueños. Y porque no hay paracaidas, salvavidas, ni plan B, que sea capaz de evitar que nos estrellemos de nuevo.




Asi que tenerlo todo, supongo que implica tenerte solo a ti. Que tú me tengas solo a mí. Y la certeza de que esto no puede estropearse, mientras no se estropee.

sábado, 21 de noviembre de 2009

CERCANÍAS. O NO TANTO.




Sábado. Medio día. Tren de cercanías. Estoy sentada de espaldas a la marcha y de frente al resto del vagón. Salí anoche y tengo sueño. No demasiado. Lo justo como para estar un poco confusa. Como si mis pensamientos bailaran a cámara lenta en mi cabeza. Gracias al cielo, estamos en el siglo veintiuno y las posibilidades de que mi supervivencia dependa de mi agilidad mental son escasas; en la prehistoria me habría comido un dinosaurio. Claro que en la prehistoria no existía el Wullitzer Ballroom.






Miro a mi alrededor. Caras largas. Madres con niños. Padres con bolsas. Chavales con legañas que se tocan la cara como si no acabaran de creerse que ya no están en la cama durmiendo plácidamente la mona. Yo misma, me paso la mano por la frente presa de uno de esos vértigos que me agarran ultimamente en los momentos menos oportunos. Esos momentos en los que mi flamante nueva vida parece demasiado nueva y demasiado flamante para ser vida, y sobre todo para ser mía y tengo la impresión de que cuando menos me lo espere va a romperse alguna costura y se va a desparramar todo por el suelo. O peor aún, que alguien va a sacudirme el brazo para despertarme del sueño delirante de que todo estaba bien, y me voy a encontrar sentada, como ahora, con la cabeza contra el cristal y el bolso entre las piernas, pero no en un tren camino de la sierra norte si no en uno de esos muchos aviones que cogí durante casi dos años, siempre marchándome de los sitios pero nunca llegando a ninguna parte.






Me levanto cuando se aproxima mi parada. Un chico de pelo largo muy largo y pantalones caídos se coloca a mi lado. Tiene aspecto de haber pasado una noche de viernes o muy muy buena o muy muy mala y también de ser uno de esos personajes que aparecen en los anuncios enfocados a la juventud. Un prototipo. Un macho alfa. Alguien que la industria discográfica podría convertir en un ídolo de jovencitas aunque no sepa cantar. Un tío guay, vamos.






Se gira y le pregunta dónde estamos a algo que sólo él ve por encima de mi cabeza. Se ha equivocado de tren. Lo encaja con la resignación de quien asume que en su estado lo verdaderamente complicado es que hubiera acertado a la primera y se baja delante de mí, quien sabe si con intención de regresar al punto de partida, de colgarse del primer pino alto que encuentre, o de unirse a una congregación de Capuchinos Descalzos.






Yo lo miro alejarse, mientras subo las escaleras que peldaño a peldaño me acercan más a mi centro de trabajo, y me doy cuenta por enésima vez, pero no con menos sorpresa que la primera, de que estar perdido es lo más fácil. Como si fuera nuestro estado natural. Como si estuviéramos diseñados para ello. Como si los caminos se retorcieran sobre si mismos con la única intención de hacernos asumir al fin nuestra condición de extraviados. No ya de estarlo, si no de serlo.






Y una vez más, también, con las mismas ganas que la primera, cruzo los dedos dentro del bolsillo de la chaqueta y pienso, por favor, si todo es mentira, que nadie venga a joderme con la verdad. Con ninguna verdad. Por favor.

viernes, 13 de noviembre de 2009

EL DIA MUNDIAL DE NOSOTROS Y LOS OTROS


En general, el trato con personas no es fácil. Y cuanto mayores nos hacemos, más complicaciones implica interactuar, en el trabajo, con los amigos, con los amigos de los amigos, con nuestras parejas y sus entornos y un más o menos largo etcétera dependiendo del caso.
Es curioso, eso si, como desde fuera, parece lo contrario.



Cuando éramos pequeños, nos enfadamos, nos insultábamos, amenazábamos con llamar a nuestro primo mayor, nos pegábamos, nos tirábamos piedras. El más mínimo roce daba lugar a una explosión de violencia que no dejaba lugar a duda: ahí había dos personas (o personitas) que no estaban nada de acuerdo.



Sin embargo ahora, cuando todos estamos ya más hechos a nuestra manera, con nuestras manías, nuestra intransigencia, nuestras filias y fobias. Cuando es más fácil que choquemos, lo hacemos de manera velada en la mayoría de los casos, con una sonrisa de compromiso y tragando bilis, porque somos adultos, y civilizados, y estamos trabajando, o en público, o porque, aún suponiendo que estemos tan exaltados que todo esto se nos olvide, en el caso de llegar a enfrentamiento verbal abierto o a las manos, no tenemos claro que llevemos las de "ganar". Porque el miedo es un mecanismo de represión muy fuerte una vez que ya todo lo demás ha dejado de importar.




Somos miembros de una sociedad culta, somos individuos educados, tenemos ese "saber estar" del que tanto hablan los franceses, en francés, y por eso no nos paseamos por ahí a menudo con un ojo morado y los nudillos desollados, pero eso nos evita que nos duela la lengua de tanto morderla, o los dientes de apretar la mandíbula. Y sobre todo, no nos evita la ulcera, el desgaste que produce ir tragando con todo y con todos. Pasando por el aro. Poniendo la otra mejilla, o al mal tiempo buena cara si no se es católico.


En momentos como el de ahora mismo, pienso, que lo igual que existe el día internacional de la agricultura intensiva, de los orinales con pedales, de las mujeres con hirsutismo extremo y de la pesca con explosivos, debería existir un día al año, una jornada internacional de decirse las cosas a la cara, de sacar lo que llevamos dentro, de quedarnos vacíos, y a gusto, y con el contador a cero en cuanto a rencores, reproches reprimidos, agravios nunca resarcidos.




Un día para gritarnos, insultarnos y agarrarnos de los pelos si hiciera falta. Que se pueda optar a un arbitro del estado que evite las lesiones físicas severas, y que una vez finalizada la jornada, nada cuente, nada tenga importancia, nada, salvo el la calma que sobreviene siempre después de la tempestad.


Un día de furia. De toda la furia, la mía, la tuya, la de todos. El día internacional de "los motivos por los que me caes muy mal". Puede que no sea la mejor idea del mundo, y se me ocurren mínimo 50 razones por las que no es ni siquiera buena idea a secas, pero a mi a título personal, hoy por hoy, en este preciso instante, me parece algo más que deseable.


Necesario.

jueves, 29 de octubre de 2009

DONT ASK ME, PLEASE


Frío. El ruido de los coches se eleva engalanando Madrid con intrincadas volutas sonoras. De los balcones brota espuma radiofónica, soporte del doméstico contoneo de mujeres invisibles barriendo, deseando, ardiendo, sobreexistiendo. El hombre del Cadillac sacándose un moco en su lujoso habitáculo a prueba de vergüenza. Y las gaviotas de mentira, sus huellas como cáscaras de pipas que la marea no se llevará. La voz del florista callejero que anuncia recompensas fáciles a precios de ganga.




Y todo se detiene y vuelve atrás como si fueras el dueño del mando a distancia en esta absurda comedia, que diría Sabina. Y se retuerce en un bucle de tiempo imposible de medir, mientras repites lo mismo con la misma inflexión y aún sin mirarme.




Y es demasiado pronto para saber que contestar y demasiado tarde para decirte que no quiero escuchar esa pregunta y reflexiono sobre que clase de infierno será el cielo de los torpes, mientras, digo algo que es igual que nada. Y que dónde era que nos íbamos a tomar esas cañas, que si es muy lejos, que estoy cansada.




Las gaviotas de atrezzo están cayendo a plomo contra el suelo. El Cadillac en llamas. Las mujeres que barren descubriendo su fealdad en el espejo. El florista decidido a jubilarse y entre medias mentiras y falsas verdades, Madrid, en este instante, da la sensación de estar muriendo.

lunes, 26 de octubre de 2009

PEROGRULLO


Entro en el msn, como siempre, primero de puntillas, invisible, mirando los sobrenombres y jugando a adivinar que se esconde detrás, que acontecimientos, emociones, o vaivenes son los que han ocasionado que "marketineando" se haya convertido en "¿sabes qué? me da igual" o que "Nos quiero" haya mutado desafortunadamente en "todo mierda". Me llama la atención especialmente una frase "a veces la vida puede ser maravillosa" así, que me anuncio con un simbólico llamar a la puerta y felicito a Lucio segura de que ese lema solo puede ser motivo de enhorabuena.




Lucio me cuenta que Ana va a dejarle, por algunas infidelidades no consumadas. Llamémoslo tonteos, coqueteos, agua de borrajas, o X. Que está harto de su trabajo y del frío y que quiere volverse a España pero que le preocupa como está todo por aquí con lo de la crisis. Vale. Pues si a veces la vida puede ser maravillosa, esta no parece desde luego una de esas veces. Pero Lucio se ríe y me dice que es una frase de Montes.




Montes. El comentarista. De cuya existencia yo no sabía nada hasta... Bueno hasta que la existencia en si, dejó de ser tal. Y no porque no me guste el deporte. Me encanta. Sobre todo el baloncesto, pero también me gustan los callos y hace mucho que no los como. Me basta con saber que existen, que son tal cual los recuerdo, que cuando quiera puedo comerme un plato a rebosar. Y cuando quiera puedo ir a ver un partido del Estu. Y con eso basta.




Busco en Google una foto del tal Montes. Un tío... Peculiar. Como una caricatura de si mismo. Un feo tan feo como de hacer de feo en super producciones de Holliwood. Y me pregunto porque pensaría que la vida puede ser maravillosa, que le haría feliz, que cosas convertirían un día normal en uno de esos días en los que uno se duerme sonriendo. Si tendría pareja, si esa pareja sería en parte la culpable al compartir su vida de que en ocasiones se tornara maravillosa. Si tendría vicios. Si fumaría porros. Si le gustaría el funky. Si compraría porno raro.




Lucio, me envía un zumbido. Me he quedado un poco en babia. Le explico que de repente me ha entrado un poco de inoportuno sentimiento de pérdida, y es raro, porque al difunto yo no le conocía ni por los medios. Me dice que no le de mas vueltas que solo es una frase, que en navidades intentará pasarse por Madrid, que cómo me van las cosas, que le de recuerdos a todos, que tiene ganas de darme un abrazo, y que ultimamente le cuesta dormir.




Y pienso que en el fondo es maravilloso que podamos contarnos como nos va la vida, sea por msn, por mail, por teléfono o en persona y con un par de enormes cafés por en medio.




Y ha hecho falta que fallezca alguien que me era totalmente ajeno, para llegar a la no por obvia menos jubilosa conclusión de que el hecho de que estemos vivos, ya es de por si, maravilloso.

lunes, 19 de octubre de 2009

EL AMOR, LOS TITULOS Y LOS AGUJEROS NEGROS


No recuerdo si estudie en la escuela la definición, por ejemplo, de un agujero negro, y sin tirar de Wikipedia, podría escribir un articulo bastante subjetivo que nunca sería sobre los agujeros negros, si no sobre mi percepción de ellos. Tendría que titularse " Los Agujeros Negros Según Kora" o "Mi Idea de Los Agujeros Negros" y contaría un montón de cosas entre mal-sabidas, y completamente inventadas, que serían para el resto de la gente mentira en su mayor parte.





Lo mismo me ocurre con el concepto de "amor". Después de leer detenidamente las 14 acepciones del diccionario de la RAE, sigo sin tener demasiado claro que es. Puedo emitir un juicio de valor basado en mi experiencia, o dar mi opinión, que será, por supuesto, parcial y tendenciosa, viniendo de quien intentó como casi todo el mundo dejar de creer en ello un par de veces, antes de comprender que si dejar de creer en procesos físico-químicos fuera suficiente para que dejaran de suceder, a estas ,por ejemplo, ya casi ninguna mujer creería en la menstruación.




Así que desde ahora, renuncio a escribir sobre el amor, y me refiero a escribir en todas sus formas: cartas, poemas, ensayos, canciones... Porque no sé lo que es el amor. No lo sé y eso no lo va a cambiar, la RAE, ni las pelis de Meg Ryan, ni los boleros de Lucho Gatica, ni las frases para conquistar que te llegan al móvil enviando un sms al 7447 (o como sea).




Podré escribir sobre esa sensación como de estar cayendo, tan despacio que es como si no cayera en absoluto, salvo por la sensación de vértigo en la boca del estómago.
Sobre la fuerza con la que las sílabas de algunos nombres parece que se pegan a la lengua y a la boca, como si no quisieran alejarse del calor de las mismas, como si quisieran pertenecernos un poco más que otros sonidos, que componen otras palabras, que significan cosas que en comparación no significan nada.
Sobre la intensidad de ese olor que se abre paso entre otros muchos, que parece incluso anular todos los demás sentidos, que nos convierte en una nariz gigante que solo puede reconocer, testificar, afirmar y proclamar, que es ÉL o ELLA y que se acerca.




Podré escribir, sobre mañanas de domingo en las que los cuerpos se despiertan antes de que las mentes, y las manos se reconocen antes que los ojos, y se demuestra que no es del todo verdad que antes del café no somos capaces de hacer nada bien.
Sobre libros dedicados, y bocadillos para después del partido. Sobre cosquillas, y ascensores, y despertadores que se retrasan 5, o mejor 20 minutitos más. Sobre ese "tú" que convierte un "yo", obviamente singular, en un "nosotros", que se revela más singular todavía.




Sobre todos esos temas, y mil más, y aún así, el título seguiría siendo "El Amor según Kora" o "Mi Idea del Amor".




O quizá "Cosas en las que No Quise Creer" e intentar darle así un toque de suspense.








jueves, 15 de octubre de 2009

A WINK


Parpadeo. Y la realidad tiembla a mi alrededor como reorganizándose, muy despacio.




Parpadeo. Cuando me despierto nunca sé dónde estoy. Tampoco qué hora es, ni de qué día. Luego, poco a poco, me voy llenando de datos y certezas. Me preparo para hacer de mí. No como quiero ser, sino para lo que debo hacer. Relleno para el hueco que tengo que ocupar. Sin más.




Tratando de servir para algo, si no para todo. Intentando entre tanto dilucidar si la rutina es la cadena que me hace cautiva o por el contrario lo único que me mantiene unida a la cordura. Aunque quizá estas dos premisas no son contrarias... Puede que los locos sean libres y los cuerdos seamos esclavos de nuestra propia cordura. Menos mal. ¿O quizá no?




Rutina, cordura, esclavitud necesaria, llámalo x, pero mientras pienso dónde, cómo, quién, cuándo, con quien más, que les dieron de comer, y qué llevaban puesto...No pienso en los POR QUES y eso es una bendición cuando hay muchas preguntas cuya respuesta no se quieren conocer.




Y asi, sin demasiada introspección y sin inflexión en absoluto, no soy lo que siento, ni lo que hago, ni lo que como, ni lo que digo... Ni siquiera lo que los otros creen tener delante cuando estoy. Ahí.




Parpadeo. Solo soy lo que hay bajo tu mano cuando me acaricias. Cuando no existen los minutos, ni el peso de las cosas. Cuando todo es blanco.Cuando estamos solos.




Cuando estemos completamente solos...Acariciáme para que pueda SER.




REAL.

martes, 13 de octubre de 2009

LA TRISTEZA: AL CONTENEDOR AMARILLO




Siempre me he considerado una persona triste. Una de esas personas que comenten la vulgaridad de ser tristes sin más, sin acabar de tener ganas de encajar entre los góticos, entre los "emos", entre los inadaptados que se jactan de serlo, o los que añadiéndole un poco de talento a la mezcla creen que pueden pasar por poetas malditos.












Triste para el hoy, pesimista para el mañana, y sobrellevando el ayer subida a una noria de amor-odio que no a fuerza de ser familiar se hace más cómoda. Alternando periodos de autocompasión injustificada con rachas de sencilla y confortable desesperanza. Podría haber sido Punk, pero eso requiere una cantidad de energía de la que creo no haber dispuesto nunca y además me gusta demasiado comer bien y comprar zapatos.








No pensé nunca que mi tristeza, tuviera una razón real, más allá de mi incapacidad para encarar lo cotidiano de un modo práctico y positivo, y que conste que tengo muy clara la diferencia entre el ser y el estar. Un profesional diría probablemente que yo tenía un problema endógeno, pero en la intimidad del me, mi, conmigo... Yo era solo triste. Relajada y soberanamente triste.








Sin embargo, no sé ni como, de un tiempo a esta parte me sorprendo, contestando a la eterna pregunta que estoy bien, y no es un bien de cortesía, no es un bien despistado que esconde un ansia por pasar a lo siguiente, no es un bien de esos que encajan en cualquier momento en el que no nos atreveríamos a decir ninguna otra cosa. Es un bien, que se columpia un instante en una sonrisa que no acaba de abarcarlo. Un bien, resplandeciente, y tan carente de razones puntuales como mi tristeza pasada (aunque también contestaba que estaba bien, lo cual demuestra que bien es una de las palabras con más significados tácitos que existen).








Un bien, que delante de un café y en círculos más intimos viene seguido de una explicación tipo "estoy viviendo un momento muy dulce en mi vida". Con una explicación que no dice en realidad casi nada. No porque en el pack de la felicidad viniera la timidez también de regalo, si no porque no hay nada que decir...








Nada que justifique esta sonrisa tranquila, o quizá todo. Porque las circunstancias puntuales vienen y van y cambian, se mueven, se atropellan, se anulan, se acompañan, y oscilan, y oscilan y vuelven a oscilar como una onda en la que cada curva da impulso a la siguiente de signo contrario y así hasta el infinito.








Nada. Porque las circunstancias son como yo las veo y no lo que son en realidad. Nada, porque no es lo que pasa ahí fuera, si no en lo que yo me he convertido.








Yo era una persona triste. Podéis imaginarme diciéndolo con una banda negra sobre los ojos como si de un programa de testimonios se tratara. Lo era. No me da vergüenza decirlo. Pero ahora estoy bien. Es más, haciendo valer la diferencia entre el ser y estar de nuevo, esta vez de modo mucho más gozoso. No es que ahora esté bien, o esté mejor...








Es que ahora vivo bien. Y soy mejor.












domingo, 11 de octubre de 2009

SOBRE EL PRINCIPIO DE LO QUE PARECE NO TENER FIN


No se puede vivir como si la belleza no existiera. En eso pienso mientras te pregunto en qué piensas, mientras me clavas lo dedos en la carne, concentrado y concienzudo tratando de aprenderme con el ceño fruncido como si fuera difícil -Pienso que te quiero- contestas veloz, esta lección ya del todo aprendida, mientras me dibujas con lo pulgares graves los huesos de las caderas, la feliz curva de mi vientre, el ombligo optimista, los pechos salpicados de lunares -casi simétricos- dices con la sonrisa de un niño que se sabe único dueño de un milagro.


Y yo también te quiero, reflexiono, mientras escucho la cisterna del vecino de arriba (tú no, tú cuando estás entretenido no oyes nada), los primeros pájaros anunciando que ha dejado de ser muy tarde para empezar a ser muy temprano, los muelles de la cama alborozarse cada vez que tomas nuevas posiciones sobre el terreno ya conquistado.


Yo también te quiero y sin embargo no quisiera. Pero es tarde ya para negarte tres veces, para desaprender la longitud y firmeza de tus hombros, la dulzura de la curva de tu cuello, o la sencilla perfección de líneas de tu espalda. Para borrar los caminos que en tu cuerpo tracé con mis labios, para sacar chorreando salados mis ojos de tus ojos y ponerlos a secar a salvo, lejos de ti, de tus miradas de mar gruesa, de tus playas de carne, de este salto mortal desde las rocas.


Tarde, pienso mientras me haces el amor con la suavidad de quien se sabe manejando algo valioso y delicado y esa intensidad dichosa con que se acomete todo lo que es nuevo.


Tarde, desde el principio que no lo parecía o desde antes aún, el momento en el que comprendí que no se puede vivir como si la belleza no existiera.


-¿Qué?- preguntas de repente erguido y sudoroso, privándome por un segundo de la magia curativa de tu peso. Y te atraigo hacia mí, tratando de robarte al mundo un rato más, buscando tu oído para resumirte mi viaje de ida, mi miedo al naufragio, mi vuelta reticente, mi llegada triunfal, mi destino definitivo, y al final solo digo -Gracias- y mientras me sonríes con la seguridad del que sabe que no puede perder, mientras en algún lugar del edificio ha empezado a sonar un viejo Lp de Sabina, mientras cae al suelo la enésima tabla disidente del somier, mientras te tensas como un arco a punto de romperte y gritas como llamándote a ti mismo, perdiéndote y hallándote en un jubiloso instante.....


Me pregunto si demasiada belleza no será también incompatible con la vida.Me refiero por supuesto a tu belleza. Y a mi vida.

lunes, 5 de octubre de 2009

"Profundas" Conclusiones Esperando a que Acabe la Lavadora


1- Los besos en la frente, abrazarse cuando hace calor y los zumos de naranja exprimidos para otro son de amor. Todo lo demás convencionalismo y falacias.




2-La gente que se pone de estado civil en el Facebook "en una relación abierta" o bien es de otro planeta o tiene Síndrome de Divulgación Compulsiva. ¿De verdad es como para que se sepa que a parte de acostarte con quien normalmente te acuestas te acuestas con otras personas? ¿O que esa persona se acuesta a su vez con otras personas también? ¿Nos hemos vuelto todos locos? ¿Soy yo sola la que no le ve el sentido?




3- El tiempo que tarda la lavadora en hacer una colada en el programa rápido no tiene nada que ver con lo que digan las instrucciones, es inversamente proporcional a la prisa que tengas porque termine para tender.




4- Los celos se retroalimentan. Y cuando son sin motivo son una pasión baja, intensa, agotadora, humillante y sórdida que nos convierte en seres pequeños y despreciables. Por favor, que inventen una medicina que nos haga a todos confiados, calmados, magnánimos y más guapos. Prefiero ser una cornuda ingenua que un alma torturada. Autotortura=caca.




5- Los aeropuertos son como la Divina Comedia de Dante. Salidas, Llegadas, Retrasos y Pérdida de Maletas. No sé como lo hago que yo voy cambiando de campo: voy, vengo, a tiempo, tarde, con equipaje, sin él... Y me parece que siempre me toca la parte del infierno.




6-Para que una canción sea exitosa y pegadiza a parte de un ritmo machacón necesita una letra idiota. Como contenga alguna palabra de más de tres sílabas es un fracaso seguro.




7- Que el tamaño no importa es un mito. Pero ser amoroso importa más y a nadie se le ha ocurrido inventar el "mimitos extender". Maaaaal. Muy mal.




8- Volver al trabajo después de las vacaciones es una mierda. Y descubrir que no se te ha olvidado ninguno de los conocimientos que tuviste que adquirir para desempeñar tu labor es consolador y deprimente a la vez.




9- Te quiero, son dos palabras que producen una emoción distinta cada vez que se escuchan de alguien por primera vez. Cuando ya no quedan virginidades que perder esas son las únicas primeras veces que de verdad cuentan.




10- Algunas personas no sabemos vivir sin llevarlo todo al extremo. La calma nos aburre tanto que nos hace sentir que no estamos vivos. Somos unos pobres enfermos adictos a nuestra propia adrenalina. Pero también es verdad que cuando somos felices somos las personas más rutilantemente felices del universo. Luego la caída es... Es otra historia. La lavadora ha terminado y yo con eso, por hoy, me doy por más que satisfecha.

viernes, 2 de octubre de 2009

FRAGILE


Hace falta una variación de muy pocos grados en el ángulo de una sonrisa para que se convierta en la mueca más amarga.

Igualmente en la memoria, bastan un par de caricias de más para arrancarle a los mejores recuerdos su pátina brillante.

En un solo un segundo, la mañana más radiante se puede cubrir de nubes y explotar en tormenta.

Y una sola palabra de sobra o que no llega, es capaz de convertir cualquier sábado en lunes o viceversa.

He estado dándole vueltas a que las cosas buenas son tan frágiles, que a veces pienso que sería mejor no volver ni a rozarlas.

jueves, 1 de octubre de 2009

FROM AMSTERDAM...


Toda la poesía de esta ciudad en bicicleta. La belleza de postal de sus canales, con sus barcos cargados de turistas, que miran, con los ojos girando 360 grados, tras las cámaras. Toda esa búsqueda suya, que es la mía, ese afán de detener el instante, de captar la esencia, de llevarse a casa una imagen que sea Amsterdam. Que explique no solo lo que vimos, si no también lo que olimos, lo que dejó en nuestro ánimo el mercado de las flores, lo que causó en nuestros huesos la llovizna tibia de principios de otoño, lo que le ocurrió a nuestra cabeza a orillas del Dommel...

Todas las sensaciones de esta capital de juguete, todas las palabras, en todos los idiomas que aquí se encuentran para intentar definir lo que mi corazón sabe pero mi boca no alcanza. Todos los minutos de plenitud en los que estuve lejos de todo menos de lo que mis sentidos abarcaban...

Y todas esas noches, de cama improvisada y risas de desplazados, y esa luna, que se ve otra aunque sea la misma desde este salón con las horas contadas en Slotervaart... Esas noches que también estuvieron hechas de tu ausencia, reverso de esos días, llámalos vacaciones o exilio o paréntesis o punto de inflexión o quizá más que razonable independencia...

Todas esas unidades de longitud, de distancia, de definición, de temperatura y de belleza si es que se puede medir en algo más fiable que el lapso de tiempo que se tarda en recuperar la respiración tras el impacto de cualquier rincón de esta ciudad que es tan bonita que casi da miedo.

Todas y cada una de esas medidas, y por supuesto, todo lo que implica un peso, desaparecen, se evaporan, dejan de existir con un fundido en negro que dura 3 palabras: Las que tú necesitas al teléfono para decirme en un susurro que me extrañas.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

LOS COMOS Y LAS SOMBRAS


Como un cocinero frente a la nevera vacía.




Como quien mira las cenizas del que fue su hogar sin reconocer ningún fragmento que le resulte familiar entre los cascotes.




Como aquel guerrero que en medio del campo de batalla descubre que ya no le quedan gritos de rabia en la garganta con los que forzarse a levantar la espada una vez más.




Como una oruga que suspendió el examen de ser mariposa.




Como alguien sin nombre que ninguno de nosotros conoce y que se muere muy lejos de aquí, lentamente, y sin hacer ruido.




Como una golondrina en un vagón de metro.




Como el cantante del grupo al que rechazaron todas las discográficas.




Como el único superviviente de un accidente de avión en el que viajaban todos sus conocidos.




Así me he sentido…




Como si hubieran formateado el disco duro de mi vida y sólo me hubieran dejado una traza de dolor, difuso, sin sentido: insuficiente.




Como si el cuello no me hiciera el giro, sin poder mirar hacia atrás, por encima de mi hombro.




Como si me hubieran criogenizado un siglo y acabase de despertarme con hambre.




Como si el pasado no existiera.




Como si solo hubiera, hoy (y mañana), y aquí, este instante, estos nombres, las caras nuevas, las únicas caras, los nuevos nombres, los nombres para toda una vida.




Y yo.




¿Soy yo? No sé quien fui yo antes de ser yo ahora… E ignoro si antes yo me parecía a como soy yo.




Y esa es la mejor parte. O la peor. O quizá todo junto.




domingo, 20 de septiembre de 2009

UNA HISTORIA PARA JAIME


Porque tú que te asomas a estas líneas me sugieres que escriba algo que sea alegre, y supongo que me cuesta el mismo trabajo inventar una excusa que una historia con príncipes y una princesa, y un dragón muerto, (pero no de un modo escatológico, por supuesto), y cuatro hadas y ningún funeral.




Porque tú me lo pides, y al fin y al cabo es justo, que te devuelva una semilla de sonrisa, después de que hayamos compartido algún que otro ramo de primaverales carcajadas (de tallo largo eso, si, nosotros ante todo, siempre tan elegantes).




Porque me haces prometertelo, y es raro. Porque hace mucho que no prometo nada a nadie, ni siquiera a mi misma, porque temo a la fragilidad de los pactos más que a la sempiterna presencia en mi vida de un caos del que nadie espera nada...Y menos yo.




Porque tú lo sabes, y no sólo porque yo te lo he contado, que tengo guardada dentro la belleza calmada de la bahía de Galway, la serenidad de las playas de coral de Clifden, la manera en que la lluvia se convierte en glaseado al tocar Grafton Street... Porque tengo mil cuentos por contar, muchas anécdotas, algunos chistes (que aunque son malos tienen la mejor de las intenciones), recetas para hacer besos cuando vienen invitados, canciones con que trocar los momentos tristes en momentos igual de tristes pero más entrañables (las bebidas alcohólicas no son imprescindibles, y si hicieran falta hay que adquirirlas a parte).




Porque erase una vez que tú estabas triste, y te tumbaste en el suelo a esperar tu treinta cumpleaños, y yo que iba corriendo despavorida porque en lo que se había convertido mi existencia mi aterraba, nos encontramos. Y fue un tropiezo, de esos de los que en las comedias románticas salen anillos de diamantes. Un tropiezo de esos de los que en el fútbol se enseña la roja directa. Un tropiezo de esos, que si hubiera sido literal, te hubiera costado a ti dos costillas rotas y a mi un esguince de tobillo y probablemente también algunos gritos - Pero oiga, está usted tonto, ponerse ahí en medio a estar triste en el piso, ande y haga algo, por dios, en vez de tenderse a esperar que pase algo que lo cambie todo, tarado.




Pero a veces pasan cosas... Y esta es mi historia alegre para ti, la historia de como tú estabas cansado y yo huyendo, y nos encontramos. Y es una historia que se acaba aquí, pero no se acaba, sigue con cada ruso blanco, con cada café, con cada salida de la M-30 que nos pasamos, con cada texto, con cada risa, con cada "tengo un problema", con cada "qué necesitas", con cada día que pasa y seguimos, siendo iguales en lo que somos, pero muy diferentes en lo que conformamos, desde que podemos considerarnos, y llamarnos, y presumir de ser: AMIGOS.












viernes, 18 de septiembre de 2009

El Final del Verano


Después de todo lo que di la lata para que se acabara el verano, ahora me da pena que llegue el otoño. Por un lado está muy bien, es todo un descanso para los sentidos: colores suaves, planes suaves, escotes suaves, tejidos suaves, la suave música del viento en los cristales, la caricia del edredón nórdico recién salido del tinte, suave, suave, suave...




Pero también se acaban esas noches en las que Madrid brilla como un enorme gato negro recién cepillado. Esas mujeres que se arreglan tanto con tan poca cosa. Esos planes que nunca se ven amenazados por la prisa, como si todo el mundo estuviese de vacaciones, aunque haya trabajado hoy y trabaje de nuevo mañana temprano. Porque "mañana temprano" no existe en Madrid en las noches de verano.




Ahora me arrepiento un poco de haber hecho tanta fuerza mental para que llegase por fin septiembre, como si hubiese realmente empujado el calendario y fuera en parte la responsable de que afuera llueva y las calles estén llenas de individuos de toda clase y condición luciendo eclécticos outfits que combinan chanclas con abrigo, botas con tirantes, bufanda con bermudas y en todos los casos una expresión contrariada como de "¿pero qué ha pasado?".




Me podía haber dado por desear la paz en el mundo, una vacuna contra el cancer, que las cosas ricas no engordaran, o que se muriese Jose Mari, pero no. Me dio por intentar viajar en el tiempo, a donde los días son cortos y las noches paradojicamente también.




Como si las penas fueran pájaros que se mueren de frío. O como si hubiera un cole al que volver y en la pizarra fueran a ir apareciendo una por una, todas las soluciones a todos los problemas. Como si pudiéramos parsar página en el almanaque y con la misma facilidad en todo lo demás.




Asi que si alguien pretendía alargar el estío hasta entrado octubre, le pido perdón. Afuera está diluviando y es culpa mía.

jueves, 17 de septiembre de 2009

SOME KIND OF SEX


Desde que no hago el amor por amor, he hecho muchas cosas. He tenido sexo de rutina a cambio de cierta estabilidad que resultó ser sólo aparente. He hecho el amor a alguien que me quería pero no me amaba (Frase grande donde las haya: te quiero pero no te amo).




He cambiado sexo por compañía. He follado para rescatar mi autoestima del inframundo. He echado algún polvo sólo por estar sin pensar un rato, alguno por puro placer de agitar la cabeza al grito de "porque yo lo valgo". He hecho el amor con una persona que solo conocía el amor a su propia persona. Me he aburrido en la cama, atrapada en una suerte de pesadilla de puesta en escena, sin pasión, sin coreografía, sin puta gracia en ninguno de los sentidos posibles.




He tenido una noche memorable, de cariño, de dulzura, de amistad sublimada, de lecciones que se aprenden y no se olvidan, de esas que te dejan una luz encendida en el pecho que te trae de vuelta en ti, por muy lejos que te hayas ido a extraviar.




He tenido sexo por diversión y gracias al cielo me he divertido. Por colgarme la medalla. Por tener un cuerpo contra el que dormir. Porque alguien me dijo "Kora, is the wrong time, and the wrong place" y a mí nadie me dice ni cómo ni cuándo...Y menos cuando me he vestido con toda la intención de que me desvistan con los dientes.




He follado borracha y sin darle muchas vueltas. Con todo el decorado montado desde semanas antes y un guión muy claro que seguir o saltarse en la cabeza. Con quien yo quería. Con quien nunca hubiera pensado. Con mis condones. Con los ajenos. De local y de visitante. En un Nissan a la vista de todo mi vecindario. Frente al mar. En Madrid. En Getafe y tiro porque me toca.




Y es cierto que cómo no tengo costumbre de ser soltera, ando despistada como en la Candyshop...Pero no lo es que necesito demostrar que donde pongo el ojo pongo la flecha. Y tampoco es solo porque Life is for living. Porque Ireland is diferent, o porque no hay que dejar pasar la oportunidad de aprender inglés de la manera que sea...




Y aunque el sexo es un tabú, y está mal, y no es decente andar por ahí haciendo el casting de un modo activo, y qué diría mi familia y voy a ir al infierno y hay cosas que vale que se hagan, pero desde luego no se dicen...A las dos de la mañana de este sábado en el que tuve frío y me arroparon, en el que tuve hambre y me dieron de comer, en el que me sentí sola y me acompañaron...Llego a casa, no lo bastante borracha como para justificar nada de lo ocurrido, y me veo en el espejo con el rimel bastante repartido, con la falda casi por el cuello, con la ropa interior fuera de sitio, y siento que para ser medio decente (a decente del todo ya no voy a opositar a estas alturas), debiera al menos arrepentirme un poco, sentir asco, o vergüenza, o alivio de que no me haya visto nadie llegar en este estado...Pero encuentro que hay algo extrañamente bello, controvertidamente delicado, algo sublime y bajo y dulce y acre en este outlook de ninfa seducida y mancillada...




Y no me arrepiento de nada de lo que hice mientras no pude hacer lo que realmente quise.






-----Desde que no cambio amor por amor, y desde que no hago el amor por amor--------

lunes, 14 de septiembre de 2009

something not so special


Tiene que haber algo que me haga feliz con los pantalones puestos. A parte de comer. Algo que podamos hacer juntos. A parte de follar. Alguien con quien pueda ser quien soy. A parte de mí misma, que ya no me soporto, y no hay donde esconderse.

domingo, 13 de septiembre de 2009

Excuse me Sir, but I´m a Princess


Quiero volver a ser: la niña bonita, la perra egoísta, la princesa que grita y grita y ve a todos correr mientras se parte de risa.




Quiero volver a tener: un séquito, mil súbditos, portadas de revista. Guardaespaldas, condesas amigas, que todos me amen aunque sea mentira...
No necesito ni el aire... Solo la purpurina. Seguir fingiendo, también ante mí misma, que no acabé remangándome el armiño para limpiar las letrinas.




Y quiero: volver a nacer, vivir una historia de papel couché, follar por placer, dormir por el día... Y darme grandes atracones de comida.




¿Cómo podría silenciar mi conciencia y alejar de mí cualquier sabiduría? ¿Cómo podría coronarme reina y desterrar la empatía? ¿Olvidar mis "progresos" y regresar a mi vida?




Quiero volver a ser: la niña bonita, la perra egoísta, la que cree que no hay nadie que se le resista.

sábado, 12 de septiembre de 2009

Misiones Más que Posibles.


Hoy he cumplido una misión que empezada a parecer imposible. Richard Rogers y yo hoy nos hemos conocido un poquito más. De hecho estoy pensando en pedirle a él que venga a montar conmigo la cajonera del Ikea y así no doy la lata a los de siempre... Claro que suponiendo que el bueno de Richard encontrara un hueco en su agenda para pasarse a tomar un café por el 13, Rue del Percebe y echar una mano con la logística made in Suecia, lo más probable es que colocase las patas en lo alto, los cajones a los lados, los rieles por abajo. Y encima una cúpula. O que se presentase también en la puerta de casa el príncipe Carlos (o algún emisario, que me doy cuenta de que no soy tan VIP como para que me visite la realeza) a paralizar el proyecto y tuviera que seguir con mi ropa interior guardada en cajas de cartón como hasta ahora, y encima me tocara consolar a Rogers. Y todo el mundo sabe que aquí a ser consolado se puede venir cuando se quiera, pero como también hay mucha tarea, remangarse se hace requisito imprescindible. Además el trabajo dignifica, ya lo decían los nazis.




Es sábado. Estoy en casa. No pasa nada. Al menos estoy fuera de la cama. Y ha sido un día si no fructífero en términos objetivos al menos "vivido". Es maravilloso haber dejado atrás esa extraña sensación de estar siempre cansado, de despertarse ya cansado, de no querer levantarse, de no encontrar nada que resulte en teoría más atractivo que el abrazo incondicional de las sábanas...




Pero el caso es que si te levantas...Si lo consigues, entonces, no estás cada vez más cansado, si no que ocurre al revés. Como uno de esos relojes "kinetic" que se daban cuerda solos con el movimiento, me doy cuenta de que voy ganando fuerza, pisando más segura, riéndome cada vez más con la risa de antes, según van pasando los minutos y las horas, según me voy cruzando y descruzando con personas, (que no con gente), como si yo existiera más o quizá mejor, porque ellos creen en mí. Como si me hiciera realidad cuando consigo robarme a mi misma al sueño... A eso sueño que parece curarlo todo, a costa de un tiempo que es demasiado valioso para ser asesinado...




No quiero seguir matando el tiempo. Hoy lo sé. (Mañana ya veremos).




Y en este día que se salvó milagrosamente del altar de los sacrificios cupieron una exposición. Un paseo. Un café. Darle un abrazo a mi ahijada que cada vez se me hace más extraña, porque crece, y eso por un lado da como mucho miedo, pero por otro lado pienso: "qué buena excusa, Laura, para volver a conocernos"




Y también bromear con mi tía. Decirle que con los rulos parece una Pin Up. Intentar convencerla para que nos fuguemos un fin de semana a Berlín ahora que sus hijos ya son los suficientemente mayores para meter lasañas congeladas en el Microondas. Cenar con la familia. Recordar que la tengo. Mirarlo todo en el metro de vuelta a casa como si fuera de otro planeta. Gente riendo. Niños que lloran. Maletas. Maquillaje. Señoras contrariadas sentadas junto a chicos que tienen a sus vez a chicas sentadas en las rodillas. Ese brillo, ese olor, esa energía casi eléctrica que emanan los jóvenes. Los primeros amores. Tanta inconsciencia. Tanta pasión. Tanta estupidez... Tanto de todo dentro de un vagón, y es tan intenso que me obliga a respirar con la boca abierta, con los pulmones llenos, con la cabeza ardiendo. Con la sensación de que debo de estar poniendo la misma cara de boba visionaria que el tipo raro aquel de American Beauty que se quedaba extasiado mirando una bolsa de plástico. (por cierto: bolsa-caca).




Y Rogers. Por supuesto. Y tú, tanto si me lees como si no. Y la vida, con todo lo pequeño y lo grande, lo dulce y lo absurdo. Lo tuyo y lo mío, y lo de quienes en apariencia no tienen nada.




Un día de esos en los que solo hace falta no decir no, para que asalten un millón de síes. Uno de esos en los que es fácil tomar lo que viene, aprovechar lo que viene, disfrutar lo que viene, montar una cajonera uno solo, de madrugada, y sentirse feliz. Sencillamente: FELIZ.




Y saber que lo mejor, es siempre lo que toma impulso en el ahora, para sorprendernos después... Y después... Después sabes ¿qué? Después tú también, por favor, sorpréndeme.




Quiero o Quería o ...


Y yo, que quiero que quieras lo mismo que yo, aunque los sueños nunca se hagan realidad porque al fin y al cabo, como decía Aute, sueños son.




Y yo, que quiero que sepas buscarme aunque dejarse encontrar sea mucho menos cansado. Y yo, que puedo distinguirte entre un millón de tipos similares con los ojos cerrados, no pienso correr a ciegas, ni escogerte entre un millón, si tu no das un paso, al frente... No es dificil, amor, es solo un paso.




Y yo, que no quiero vivir pesando y midiendo, que no sé como explicarte que las cosas más pequeñas a veces tienen mucho peso... Estoy aqui esperando, eso si, sentada, por si decides dejar de ser "de esos que no llaman por teléfono".




Y yo, que soy de los malas, quiero volverme buena, pero empiezo darme cuenta de que esta no es la manera... Y yo, que quería tomar tu mano y dejar atrás la marea, creo que prefiero la marejada tal cual, que esa resaca tuya que no va a ninguna parte, y en la que es imposible dejarse llevar.

jueves, 10 de septiembre de 2009


Déjame disculparme para empezar. Me he ganado a pulso todo lo que me ha pasado, pero tú nunca te mereciste nada de lo que ha ocurrido. Ojala todo hubiera sido siempre, sencillo, y brillante como lo veo ahora en las fotos de Graffton street; pero llegó un momento en el que era difícil incluso respirar, no quiero hablarte de mi dolor, solo quiero que sepas que nada fue fácil a partir de cierto punto que iba a ser de inflexión pero fue aparte: ruptura y caos.


Déjame disculparme para empezar. Ahora estoy sentada sobre un cómodo lecho de calma y vulgaridad. Quizá éramos demasiado especiales para que pudiera funcionar, como los ingredientes de un plato que se volvió demasiado exótico con el toque final. Ahora me es fácil pedir perdón, no me reconozco en mis acciones, en el daño que causé, en mi inconsciencia.


Ahora lo veo todo como si estuviese por encima, o quizá es que estoy fuera y lo veo todo como por la tele. Quizá he perdido la capacidad de sufrir pero te aseguro que no la de sentir vergüenza.Déjame disculparme para empezar; viste cosas que ahora borraría de esta historia si pudiera, que deploraría en otros y que aborrezco en mí, cuando las recuerdo. Sería fácil excusarme de algún modo, es algo que siempre se me ha dado bien, pero no quiero comprensión, porque creo que no soy digna de ella.


Tan solo déjame disculparme para terminar.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Miss-taken


Uno de esos días en los que "déjame sola" significa "por favor no te marches", y en cada "no te necesito" hay implicito un "pero contigo es más fácil".


Una de esas noches que se definen por lo que les falta, aunque haya dicho mil veces que dos personas no caben ni estas lineas, ni estas fechas, ni en esta cama.





Richard Rogers or not Richard Rogers


Cada vez que me dispongo a ir ver la exposición de Richard Rogers, ocurre algo que lo impide. Casi me está dando miedo seguir perseverando en mi plan original no vaya a ser que pasemos de la escalada pequeños inconvenientes a grandes inconvenientes directamente a los desastres naturales.




La primera vez que lo intenté, no pude salir de casa porque no encontraba las llaves, (que encontré de inmediato en cuanto llegó el momento de ir a trabajar, no quiero ni preguntarme por qué), la segunda, iba a ir con P que me venía a recoger en coche, que pinchó una rueda y mientras la cambiaba se le despeñó el móvil barranco abajo.




Y ayer... Ayer sencillamente estaba en la ducha, tengo un espacio en blanco en mi memoria, y después era por la noche y yo me desperté en mi cama. Creo que fui abducida por el planeta siesta. Contra mi voluntad, por supuesto.




He pensado que voy a hacer un ultimo intento el domingo. Fingiré que voy al rastro temprano y así engañaré a las fuerzas oscuras que intentan mantenerme alejada del Caixa Forum (fuerzas que se podían haber puesto las pilas y haberme impedido ver la muestra de Vlamick, que era una full).




Por si acaso que nadie suba a reparar su tejado el domingo, a escalar ochomiles o a pasear por las inmediaciones de alguna puerta dimensional...




O luego no digáis que no os lo advertí.








domingo, 6 de septiembre de 2009

SUMÁNDOLE A UNO


Hace más de dos años que dejé de tener NOVIO. NOVIO así, con grandes y doradas letras.




En este tiempo he sido completamente soltera y también he estado totalmente emparejada. Y todas las variables intermedias también. Para qué mentir.




Todo lo que ha acontecido, desde que se pararon los relojes y llovieron peces, y los gansos volaron al revés, y las madonnas lloraron sangre y mi NOVIO dejó de serlo, supongo que ha dejado huella en mí. Cada persona, cada situación, cada vuelta de tuerca, cada hola y cada adiós, han contribuido a hacer de mi lo que soy.




Y eso está bien. Muy bien. Vive, aprende, pásalo bien si bebes no conduzcas etc. Todo suena un poco a mantra barato hasta que de repente un día te das cuenta. Cuenta de verdad. Como la manzana golpeando en la cabeza de Newton. Como humo saliendo de un laboratorio al ritmo de un Eureka. Como llevar años sospechando y encontrar a tu marido en la cama con otra.




Una cosa es saberse la teoría y otra cosa cuando todo en nuestro cerebro de repente hace click.




Click.




Y estás ahí saliendo del cine después de ver una comedia romántica con tu mejor amigo, en una sala llena de parejitas (ellas muy arregladas, ellos con cara de haber ido a obligados), y te das cuenta de que hace mucho que no te pierdes nada. Que en realidad nunca te perdiste nada. Que es como si tuvieras una empresa, y un socio. Y el socio se hubiera fugado con alevosía y nocturnidad, pero ahora tuvieras un equipo de freelance, sacando el trabajo. Y el trabajo sale.




Siempre he tenido con quien ir al cine a ver películas que por si mismo nunca hubiera elegido. Con quien ir a elegir un vestido para una boda. Con quien llorar en un mal momento o reír descontroladamente en un momento aún peor. Siempre he tenido quien me rasque la espalda. Quien me ayude a limpiar después de una fiesta. Quien me diga "ya te lo dije" pero me quiera igual después de haber metido la pata.




Y quien me eche un polvo (o dos), también, por supuesto.




En realidad con o sin, en Madrid o en Galway, antes y ahora...He llevado siempre la vida que he querido llevar y hecho siempre lo que he querido, o al menos lo he intentado. Solo que desde hace algo más de dos años, en mis fotos sale más gente. ..




Y que los domingos de resaca no tengo porqué ir a la fuerza a comer con los padres de nadie.

sábado, 5 de septiembre de 2009

Quiet Times


Aunque paso mucho tiempo en otro plano de consciencia, de vez en cuando me doy un paseo por el mundo real y pongo todos los sentidos en menesteres tan prosaicos como hacer la compra, recibir valoraciones sobre mi trabajo por parte de mis superiores, opinar sobre campañas publicitarias, atender llamadas de pervertidos (porque yo les atiendo, me quito los cascos de las orejas y les dejo que se descarguen lo que quieran, que me viene muy bien para ir sacando tareas administrativas cuando estamos muy liados), tener conversaciones "de chicas" es decir "sobre hombres" en noches que querían ser "de chicas" osea "sin hombres", pero que acaban siendo todo lo contrario (en el fondo da igual porque cuando se juntan muchos tios y se ponen a discutir de segun que temas podrias subirte a la mesa en pelotas con un cartel en el cuello que diga "me lo trago" que nadie te va a prestar atención de todas maneras).


Esta ha sido una semana tranquila. Se agradece despues de tanto vaiven... Como si tras pasar los ultimos dos meses cruzando a pie los infiernos hubiese abierto una trampilla que da directamente a la cafeteria del Ikea... Soy asi de simple, para mi música suave y albondiguillas suecas es algo muy parecido a le felicidad. Y no tener la cabeza dando vueltas sin parar y un nudo que no se por donde empezar a deshacer en el estomago, tambien.


Supongo que es tan facil como tener voluntad de hacer las cosas faciles... El camino marcado es aburrido, pero en algunos tramos, es mejor no andar reptando entre moreras y ortigas. Es mas espectacular cuanto mas aparatoso pero a no ser que uno tenga un corazon secreta o abiertamente masoquista, por ahi, es mucho mas dificil alcanzar la felicidad. Relativa o total. Como estado, como auto-engaño. Como entelequia. Da igual. Si duele, pese a lo que dice el saber popular, hay muchas probabilidades de que no cure, y divertido, divertido, a las claras se ve, que no es.


Mi abuela mantenía eso de "libreme dios de las aguas mansas que de las rapidas ya le librare yo". Pero si que es verdad que aunque a veces las aguas mas calmadas pueden esconder rapidos remolinos bajo la superficie, al contrario no ocurre nunca. Una catarata siempre es una catarata, no vas a meter el pie y descubrir debajo un lago. Por eso intento rodearme de gente tranquila, que para tormento interior y neurosis de libro, ya tengo bastante conmigo misma. Por mucho que a veces la tentacion de rodearnos de semejantes es grande, sentirse comprendido es un alivio breve...Y falaz. Hay cosas que no deberia entender nadie, o al menos, que nadie deberia justificar.


Aunque paso la mayor parte del tiempo en los mundos de Kora, tengo al suerte de que de vez en cuando alguien me agarra de una pierna y me hace tocar tierra, me recuerda que tambien de pan vive el hombre, y que ser mejor persona es una meta alcanzable, que no solo reporta beneficios ajenos.


Y hablo sobre cosas que no importan y me rio de chistes que son malos, y me vale con haber sobrevivido a un fin de semana sin brujula y sin mapa, para sentirme feliz. Vulgarmente feliz como si la normalidad fuera algo indiscutiblemente bueno. Y quiza lo es. Al menos esta normalidad que ahora mismo me hace sonreir, aun estando en la oficina una mañana de domingo.

viernes, 4 de septiembre de 2009

BACKWARD-FORWARD


Hace poco, y cuando digo poco, cometo la vulgaridad de referirme al aspecto puramente cronológico, y no a las vivencias, ni a la intensidad de los momentos, yo era una persona que no tenía nada que perder.




Y cuando digo nada, me refiero a esa nada absoluta que hay al fondo del cubo de la ropa sucia después de poner tres lavadoras, a la nada que queda en las paredes de la habitación de un hijo cuando se ha ido de casa y se ha llevado los posters. A la nada de las noches en blanco, a la silenciosa nada que sigue a "el teléfono al que llama está apagado o fuera de cobertura". A esa nada, que es lo último que escogeríamos si pudiéramos, incluso por detrás del dolor, de la frustación y de la rabia.




Hace unos días, (y entendamos el sentido elástico de "día" sin definirlo como conjunto de 24 horas) todo lo que veía delante y por detrás de mis ojos, era un campo yermo y abrasado, un desolado paraje en el que parecía que no iba a brotar jamás de nuevo vida alguna.




Pero a veces los milagros ocurren; sobreviene la tormenta y se empapa el desierto, y corremos riendo a ponernos a cubierto de la mano de alguien que puede llegar a convertirse en Alguien con mayúsculas.




O puede que no. Pero hoy a quién le importa eso ¿verdad?




miércoles, 2 de septiembre de 2009

Limpieza General.


- Voy a remangarme y a dejar mi vida tan limpia que va a deslumbrar...


-Tu vida ya deslumbra, por eso se te acercan todos los bichitos.


-Tiene sentido.


- Si, además también explica porque tú nunca ves las cosas buenas que tienes delante.

lunes, 31 de agosto de 2009

To miss or not To miss


No quisiera decirte que te echo de menos porque quizá no sea lo más adecuado. Porque quizá el mismo echo de echarte de menos no sea adecuado. Porque qué pensara la mujer del panadero si me pilla salivando delante del escaparate. Qué pensara el panadero. Qué dirá la gente. Qué diré yo. Perdón. Y no quiero disculparme por estar viva. Por seguir siendo la de antes, la de antes de todo, la de después de aquello, con la lección aprendida, con la batalla perdida, con ese escozor que no cesa en las heridas, que ya no sangran, pero que apuntan a ser penitencia de por vida.


No quisiera decirte que te echo de menos, para no esperar una frase que se cruce con la mía. Para no tender una mano, que está de todo menos vacía. Para que no sepas, que miro con temor de ver, que ignoro con temor de saber, que el ojo que pongo en la cerradura no está preparado para según qué. Que me hago preguntas, que me encojo si atisbo las respuestas, que a veces lloro, que aún me arrepiento. Que estoy aquí por ello, que soy así por eso, que a veces no podría afirmar qué tiene menos sentido de todo esto…Que a ratos no sé por quien de todos nosotros era más necesario que me quitase de en medio.


No quisiera decirte que te echo de menos, que lo cambiaria todo, por darte uno de aquellos masajes que te debía (¿qué te debo?). Que todo es parodia a pequeña escala, que siento a medias, que interpreto, que intento sacudirme esta sensación de estar fingiendo mi papel, en esta serie de exiliados de bajo presupuesto. Que te llevo conmigo, que todo lo que fue nuestro cuando sueño es mío, que no tengo rabia porque es justo el castigo, que he comprendido que el dolor y la distancia no son enemigos…Que te extraño tanto que a veces me pica tu piel, me duele tu rodilla, me despiertan tus ronquidos…No quisiera decirte que te echo de menos. No me tengas en cuenta.No leas en alto. No escuches mis quejidos.

sábado, 29 de agosto de 2009

Nada salvo el amor. Y también viceversa.


El día en que me di cuenta de que Deniro tenía razón, el cielo era de un color gris casi blanco que hacía daño en los ojos, y hacía un calor húmedo, como de tormenta en la costa. Había un grupo de hombres y mujeres fumando en la puerta de PriceWaterHouseCoopers, mucho maquillaje, tacones, trajes de Cortefiel, corbatas lisas, muchas pretensiones: Gente pequeña, que diría Robin.


Robin estaba en Bretaña y yo la echaba mucho en falta. Me dolía la cabeza y había olvidado tomarme las pastillas de por la mañana. Me preguntaba si mi gato sería feliz con la nueva distribución de la casa, si tardaríamos mucho en pintar el salón. Si llovería.


El día en que me di cuenta de que Deniro tenía razón, Mario me contó que se sentía viejo porque Dani se casaba, y no supe que decirle. Llamé al banco a ver si tenían ya mi nueva tarjeta y apunté en mi libreta que hay que comprar leche y embutido. Llegué tarde al médico. Me dormí en el autobús de vuelta a casa. Olvidé llamar a Marta. De Marta encontré varios libros en las cajas de deshice, y los puse aparte aunque la reforma ocupa tanto sitio por todas partes que apartar algo se hace cada vez más difícil. Está contenta en su nuevo trabajo y yo estuve contenta por ella. También un poco preocupada por mi abuela y sus achaques. Contrita por haber roto en una misma semana un cajón del congelador, mis pantalones de camuflaje y mi casco nuevo. Algo cansada sin saber muy bien por qué.


El día en que me di cuenta de que Deniro tenía razón. Era viernes. Pasé la mañana metiendo cartas en sobres. Hablé con Celso por el Messenger y me sentí acompañada y comprendida. Me comí una tableta de chocolate mientras ignoraba el telediario. Descubrí que Orange me había cortado la línea. Hice cuentas de facturas y mandangas sobre un papel. Me quedé prendada de un vestido gris en un escaparate. Estuve tarareando canciones de Los piratas mientras fregaba los cacharros. Y me dije que en la vida hay muchas más cosas a parte del amor. Me lo repetí cien veces: muchas más cosas a parte del amor.


Y después puse una peli de acción en el DVD y me quedé dormida.