
Entro en el msn, como siempre, primero de puntillas, invisible, mirando los sobrenombres y jugando a adivinar que se esconde detrás, que acontecimientos, emociones, o vaivenes son los que han ocasionado que "marketineando" se haya convertido en "¿sabes qué? me da igual" o que "Nos quiero" haya mutado desafortunadamente en "todo mierda". Me llama la atención especialmente una frase "a veces la vida puede ser maravillosa" así, que me anuncio con un simbólico llamar a la puerta y felicito a Lucio segura de que ese lema solo puede ser motivo de enhorabuena.
Lucio me cuenta que Ana va a dejarle, por algunas infidelidades no consumadas. Llamémoslo tonteos, coqueteos, agua de borrajas, o X. Que está harto de su trabajo y del frío y que quiere volverse a España pero que le preocupa como está todo por aquí con lo de la crisis. Vale. Pues si a veces la vida puede ser maravillosa, esta no parece desde luego una de esas veces. Pero Lucio se ríe y me dice que es una frase de Montes.
Montes. El comentarista. De cuya existencia yo no sabía nada hasta... Bueno hasta que la existencia en si, dejó de ser tal. Y no porque no me guste el deporte. Me encanta. Sobre todo el baloncesto, pero también me gustan los callos y hace mucho que no los como. Me basta con saber que existen, que son tal cual los recuerdo, que cuando quiera puedo comerme un plato a rebosar. Y cuando quiera puedo ir a ver un partido del Estu. Y con eso basta.
Busco en Google una foto del tal Montes. Un tío... Peculiar. Como una caricatura de si mismo. Un feo tan feo como de hacer de feo en super producciones de Holliwood. Y me pregunto porque pensaría que la vida puede ser maravillosa, que le haría feliz, que cosas convertirían un día normal en uno de esos días en los que uno se duerme sonriendo. Si tendría pareja, si esa pareja sería en parte la culpable al compartir su vida de que en ocasiones se tornara maravillosa. Si tendría vicios. Si fumaría porros. Si le gustaría el funky. Si compraría porno raro.
Lucio, me envía un zumbido. Me he quedado un poco en babia. Le explico que de repente me ha entrado un poco de inoportuno sentimiento de pérdida, y es raro, porque al difunto yo no le conocía ni por los medios. Me dice que no le de mas vueltas que solo es una frase, que en navidades intentará pasarse por Madrid, que cómo me van las cosas, que le de recuerdos a todos, que tiene ganas de darme un abrazo, y que ultimamente le cuesta dormir.
Y pienso que en el fondo es maravilloso que podamos contarnos como nos va la vida, sea por msn, por mail, por teléfono o en persona y con un par de enormes cafés por en medio.
Y ha hecho falta que fallezca alguien que me era totalmente ajeno, para llegar a la no por obvia menos jubilosa conclusión de que el hecho de que estemos vivos, ya es de por si, maravilloso.

Si Sartre levantara la cabeza...
ResponderEliminarBesotes gordos.
P.D. A mí también me gusta vivir en tu esfera de conocimiento.