martes, 10 de mayo de 2011



Me gusta creer que aquellos que recuerdo éramos nosotros. Aquellos, de cuando te ponías mis bragas, y te reías de mis tanques.


Me gusta imaginar que puedo cruzar esta esquina, que es la misma esquina, y encontrarme de bruces con el año pasado, que seguirá siendo el año pasado por muchos que pasen. Que puedo encontrarme contigo, que vienes a buscarme, para ir a ver juntos a los gatitos recién nacidos.


Me gusta el modo en que los recuerdos, vienen a mí, ordenados, sin hacer escándalo, como niños bien educados, de esos que uno se imagina, siempre, peinados con colonia, y los brazos a la espalda.


Me gusta la sensación de que todo tiene sentido. He borrado sin querer, o quien sabe si grabado encima (mi cerebro tiene mucho de VHS) de todo que era nebuloso y feo. Todo lo que podía ser punzante o tóxico. He forrado de espuma todas las aristas, por si caigo.


Me gusta que estés lejos. Que cabalgues a veces sobre el verbo. Que no me lleves al Ikea en coche. Que seas inalcanzable como una virgen. Inasequible como las mejores putas. Difícil de asumir, como un milagro. Que no pises escombros, que nunca tengas dudas, y pensar que aún me tienes reservado un baile.


Me gusta que sepas que no voy a llamarte. Aunque encontrar esas bragas blancas ha sido como comprar un billete solo de ida para probar el Delorean. Aunque no haya sido capaz de tirarlas.

sábado, 1 de enero de 2011

EGO-FRIENDLY


A los individualistas nos pasa que con los años acabamos haciéndonos amigos de nosotros mismos, aún cuando en ocasiones seamos también nuestros peores enemigos.

Empieza un año más (con especial énfasis en ese "más" que parece un adverbio de cansancio, no solo de cantidad) y me siento vacía. Vacía cuando llego a casa y no puedo despreocuparme del desorden pero tampoco ánimo para limpiar. Vacía cuando pienso que tengo que llamar a un montón de personas por mera convención social. Vacía mientras dejo preparada la ropa que me voy a poner mañana. Vacía mientras hago café para que al hecho de levantarme de la cama no haya que añadirle ningún esfuerzo adicional. Vacía cuando le quito la batería al móvil para que nadie me despierte temprano. Vacía cuando pongo a descargar algunas películas que siempre he querido ver pero para las que no he tenido tiempo.

Vacía mientras pongo en marcha un dispositivo que tiene como único propósito de hacer que el día de mañana sea más sencillo. Porque sé que después de sentirme vacía siempre me siento deprimida, y hay algo de dulce en el hecho triste de que mi yo de hoy cuide de mi yo de mañana.

Yo, mi, me, conmigo...