sábado, 12 de septiembre de 2009

Misiones Más que Posibles.


Hoy he cumplido una misión que empezada a parecer imposible. Richard Rogers y yo hoy nos hemos conocido un poquito más. De hecho estoy pensando en pedirle a él que venga a montar conmigo la cajonera del Ikea y así no doy la lata a los de siempre... Claro que suponiendo que el bueno de Richard encontrara un hueco en su agenda para pasarse a tomar un café por el 13, Rue del Percebe y echar una mano con la logística made in Suecia, lo más probable es que colocase las patas en lo alto, los cajones a los lados, los rieles por abajo. Y encima una cúpula. O que se presentase también en la puerta de casa el príncipe Carlos (o algún emisario, que me doy cuenta de que no soy tan VIP como para que me visite la realeza) a paralizar el proyecto y tuviera que seguir con mi ropa interior guardada en cajas de cartón como hasta ahora, y encima me tocara consolar a Rogers. Y todo el mundo sabe que aquí a ser consolado se puede venir cuando se quiera, pero como también hay mucha tarea, remangarse se hace requisito imprescindible. Además el trabajo dignifica, ya lo decían los nazis.




Es sábado. Estoy en casa. No pasa nada. Al menos estoy fuera de la cama. Y ha sido un día si no fructífero en términos objetivos al menos "vivido". Es maravilloso haber dejado atrás esa extraña sensación de estar siempre cansado, de despertarse ya cansado, de no querer levantarse, de no encontrar nada que resulte en teoría más atractivo que el abrazo incondicional de las sábanas...




Pero el caso es que si te levantas...Si lo consigues, entonces, no estás cada vez más cansado, si no que ocurre al revés. Como uno de esos relojes "kinetic" que se daban cuerda solos con el movimiento, me doy cuenta de que voy ganando fuerza, pisando más segura, riéndome cada vez más con la risa de antes, según van pasando los minutos y las horas, según me voy cruzando y descruzando con personas, (que no con gente), como si yo existiera más o quizá mejor, porque ellos creen en mí. Como si me hiciera realidad cuando consigo robarme a mi misma al sueño... A eso sueño que parece curarlo todo, a costa de un tiempo que es demasiado valioso para ser asesinado...




No quiero seguir matando el tiempo. Hoy lo sé. (Mañana ya veremos).




Y en este día que se salvó milagrosamente del altar de los sacrificios cupieron una exposición. Un paseo. Un café. Darle un abrazo a mi ahijada que cada vez se me hace más extraña, porque crece, y eso por un lado da como mucho miedo, pero por otro lado pienso: "qué buena excusa, Laura, para volver a conocernos"




Y también bromear con mi tía. Decirle que con los rulos parece una Pin Up. Intentar convencerla para que nos fuguemos un fin de semana a Berlín ahora que sus hijos ya son los suficientemente mayores para meter lasañas congeladas en el Microondas. Cenar con la familia. Recordar que la tengo. Mirarlo todo en el metro de vuelta a casa como si fuera de otro planeta. Gente riendo. Niños que lloran. Maletas. Maquillaje. Señoras contrariadas sentadas junto a chicos que tienen a sus vez a chicas sentadas en las rodillas. Ese brillo, ese olor, esa energía casi eléctrica que emanan los jóvenes. Los primeros amores. Tanta inconsciencia. Tanta pasión. Tanta estupidez... Tanto de todo dentro de un vagón, y es tan intenso que me obliga a respirar con la boca abierta, con los pulmones llenos, con la cabeza ardiendo. Con la sensación de que debo de estar poniendo la misma cara de boba visionaria que el tipo raro aquel de American Beauty que se quedaba extasiado mirando una bolsa de plástico. (por cierto: bolsa-caca).




Y Rogers. Por supuesto. Y tú, tanto si me lees como si no. Y la vida, con todo lo pequeño y lo grande, lo dulce y lo absurdo. Lo tuyo y lo mío, y lo de quienes en apariencia no tienen nada.




Un día de esos en los que solo hace falta no decir no, para que asalten un millón de síes. Uno de esos en los que es fácil tomar lo que viene, aprovechar lo que viene, disfrutar lo que viene, montar una cajonera uno solo, de madrugada, y sentirse feliz. Sencillamente: FELIZ.




Y saber que lo mejor, es siempre lo que toma impulso en el ahora, para sorprendernos después... Y después... Después sabes ¿qué? Después tú también, por favor, sorpréndeme.




Quiero o Quería o ...


Y yo, que quiero que quieras lo mismo que yo, aunque los sueños nunca se hagan realidad porque al fin y al cabo, como decía Aute, sueños son.




Y yo, que quiero que sepas buscarme aunque dejarse encontrar sea mucho menos cansado. Y yo, que puedo distinguirte entre un millón de tipos similares con los ojos cerrados, no pienso correr a ciegas, ni escogerte entre un millón, si tu no das un paso, al frente... No es dificil, amor, es solo un paso.




Y yo, que no quiero vivir pesando y midiendo, que no sé como explicarte que las cosas más pequeñas a veces tienen mucho peso... Estoy aqui esperando, eso si, sentada, por si decides dejar de ser "de esos que no llaman por teléfono".




Y yo, que soy de los malas, quiero volverme buena, pero empiezo darme cuenta de que esta no es la manera... Y yo, que quería tomar tu mano y dejar atrás la marea, creo que prefiero la marejada tal cual, que esa resaca tuya que no va a ninguna parte, y en la que es imposible dejarse llevar.

jueves, 10 de septiembre de 2009


Déjame disculparme para empezar. Me he ganado a pulso todo lo que me ha pasado, pero tú nunca te mereciste nada de lo que ha ocurrido. Ojala todo hubiera sido siempre, sencillo, y brillante como lo veo ahora en las fotos de Graffton street; pero llegó un momento en el que era difícil incluso respirar, no quiero hablarte de mi dolor, solo quiero que sepas que nada fue fácil a partir de cierto punto que iba a ser de inflexión pero fue aparte: ruptura y caos.


Déjame disculparme para empezar. Ahora estoy sentada sobre un cómodo lecho de calma y vulgaridad. Quizá éramos demasiado especiales para que pudiera funcionar, como los ingredientes de un plato que se volvió demasiado exótico con el toque final. Ahora me es fácil pedir perdón, no me reconozco en mis acciones, en el daño que causé, en mi inconsciencia.


Ahora lo veo todo como si estuviese por encima, o quizá es que estoy fuera y lo veo todo como por la tele. Quizá he perdido la capacidad de sufrir pero te aseguro que no la de sentir vergüenza.Déjame disculparme para empezar; viste cosas que ahora borraría de esta historia si pudiera, que deploraría en otros y que aborrezco en mí, cuando las recuerdo. Sería fácil excusarme de algún modo, es algo que siempre se me ha dado bien, pero no quiero comprensión, porque creo que no soy digna de ella.


Tan solo déjame disculparme para terminar.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Miss-taken


Uno de esos días en los que "déjame sola" significa "por favor no te marches", y en cada "no te necesito" hay implicito un "pero contigo es más fácil".


Una de esas noches que se definen por lo que les falta, aunque haya dicho mil veces que dos personas no caben ni estas lineas, ni estas fechas, ni en esta cama.





Richard Rogers or not Richard Rogers


Cada vez que me dispongo a ir ver la exposición de Richard Rogers, ocurre algo que lo impide. Casi me está dando miedo seguir perseverando en mi plan original no vaya a ser que pasemos de la escalada pequeños inconvenientes a grandes inconvenientes directamente a los desastres naturales.




La primera vez que lo intenté, no pude salir de casa porque no encontraba las llaves, (que encontré de inmediato en cuanto llegó el momento de ir a trabajar, no quiero ni preguntarme por qué), la segunda, iba a ir con P que me venía a recoger en coche, que pinchó una rueda y mientras la cambiaba se le despeñó el móvil barranco abajo.




Y ayer... Ayer sencillamente estaba en la ducha, tengo un espacio en blanco en mi memoria, y después era por la noche y yo me desperté en mi cama. Creo que fui abducida por el planeta siesta. Contra mi voluntad, por supuesto.




He pensado que voy a hacer un ultimo intento el domingo. Fingiré que voy al rastro temprano y así engañaré a las fuerzas oscuras que intentan mantenerme alejada del Caixa Forum (fuerzas que se podían haber puesto las pilas y haberme impedido ver la muestra de Vlamick, que era una full).




Por si acaso que nadie suba a reparar su tejado el domingo, a escalar ochomiles o a pasear por las inmediaciones de alguna puerta dimensional...




O luego no digáis que no os lo advertí.








domingo, 6 de septiembre de 2009

SUMÁNDOLE A UNO


Hace más de dos años que dejé de tener NOVIO. NOVIO así, con grandes y doradas letras.




En este tiempo he sido completamente soltera y también he estado totalmente emparejada. Y todas las variables intermedias también. Para qué mentir.




Todo lo que ha acontecido, desde que se pararon los relojes y llovieron peces, y los gansos volaron al revés, y las madonnas lloraron sangre y mi NOVIO dejó de serlo, supongo que ha dejado huella en mí. Cada persona, cada situación, cada vuelta de tuerca, cada hola y cada adiós, han contribuido a hacer de mi lo que soy.




Y eso está bien. Muy bien. Vive, aprende, pásalo bien si bebes no conduzcas etc. Todo suena un poco a mantra barato hasta que de repente un día te das cuenta. Cuenta de verdad. Como la manzana golpeando en la cabeza de Newton. Como humo saliendo de un laboratorio al ritmo de un Eureka. Como llevar años sospechando y encontrar a tu marido en la cama con otra.




Una cosa es saberse la teoría y otra cosa cuando todo en nuestro cerebro de repente hace click.




Click.




Y estás ahí saliendo del cine después de ver una comedia romántica con tu mejor amigo, en una sala llena de parejitas (ellas muy arregladas, ellos con cara de haber ido a obligados), y te das cuenta de que hace mucho que no te pierdes nada. Que en realidad nunca te perdiste nada. Que es como si tuvieras una empresa, y un socio. Y el socio se hubiera fugado con alevosía y nocturnidad, pero ahora tuvieras un equipo de freelance, sacando el trabajo. Y el trabajo sale.




Siempre he tenido con quien ir al cine a ver películas que por si mismo nunca hubiera elegido. Con quien ir a elegir un vestido para una boda. Con quien llorar en un mal momento o reír descontroladamente en un momento aún peor. Siempre he tenido quien me rasque la espalda. Quien me ayude a limpiar después de una fiesta. Quien me diga "ya te lo dije" pero me quiera igual después de haber metido la pata.




Y quien me eche un polvo (o dos), también, por supuesto.




En realidad con o sin, en Madrid o en Galway, antes y ahora...He llevado siempre la vida que he querido llevar y hecho siempre lo que he querido, o al menos lo he intentado. Solo que desde hace algo más de dos años, en mis fotos sale más gente. ..




Y que los domingos de resaca no tengo porqué ir a la fuerza a comer con los padres de nadie.