martes, 10 de mayo de 2011



Me gusta creer que aquellos que recuerdo éramos nosotros. Aquellos, de cuando te ponías mis bragas, y te reías de mis tanques.


Me gusta imaginar que puedo cruzar esta esquina, que es la misma esquina, y encontrarme de bruces con el año pasado, que seguirá siendo el año pasado por muchos que pasen. Que puedo encontrarme contigo, que vienes a buscarme, para ir a ver juntos a los gatitos recién nacidos.


Me gusta el modo en que los recuerdos, vienen a mí, ordenados, sin hacer escándalo, como niños bien educados, de esos que uno se imagina, siempre, peinados con colonia, y los brazos a la espalda.


Me gusta la sensación de que todo tiene sentido. He borrado sin querer, o quien sabe si grabado encima (mi cerebro tiene mucho de VHS) de todo que era nebuloso y feo. Todo lo que podía ser punzante o tóxico. He forrado de espuma todas las aristas, por si caigo.


Me gusta que estés lejos. Que cabalgues a veces sobre el verbo. Que no me lleves al Ikea en coche. Que seas inalcanzable como una virgen. Inasequible como las mejores putas. Difícil de asumir, como un milagro. Que no pises escombros, que nunca tengas dudas, y pensar que aún me tienes reservado un baile.


Me gusta que sepas que no voy a llamarte. Aunque encontrar esas bragas blancas ha sido como comprar un billete solo de ida para probar el Delorean. Aunque no haya sido capaz de tirarlas.

sábado, 1 de enero de 2011

EGO-FRIENDLY


A los individualistas nos pasa que con los años acabamos haciéndonos amigos de nosotros mismos, aún cuando en ocasiones seamos también nuestros peores enemigos.

Empieza un año más (con especial énfasis en ese "más" que parece un adverbio de cansancio, no solo de cantidad) y me siento vacía. Vacía cuando llego a casa y no puedo despreocuparme del desorden pero tampoco ánimo para limpiar. Vacía cuando pienso que tengo que llamar a un montón de personas por mera convención social. Vacía mientras dejo preparada la ropa que me voy a poner mañana. Vacía mientras hago café para que al hecho de levantarme de la cama no haya que añadirle ningún esfuerzo adicional. Vacía cuando le quito la batería al móvil para que nadie me despierte temprano. Vacía cuando pongo a descargar algunas películas que siempre he querido ver pero para las que no he tenido tiempo.

Vacía mientras pongo en marcha un dispositivo que tiene como único propósito de hacer que el día de mañana sea más sencillo. Porque sé que después de sentirme vacía siempre me siento deprimida, y hay algo de dulce en el hecho triste de que mi yo de hoy cuide de mi yo de mañana.

Yo, mi, me, conmigo...

viernes, 19 de febrero de 2010

LOS SUEÑOS SUEÑOS SON...Y MENOS MAL



Con los sueños pasa la mayor parte de las veces como con los hijos, que siempre se cree que los de uno son excepcionales y el proceso de aceptar que son bastante corrientes acaba generalmente con el auto convencimiento de que en el fondo, es mucho mejor así.

Yo, por ejemplo, sueño muy a menudo que conduzco, lo he comentado con varias personas y por lo visto es algo que le ocurre a todo el mundo, y que además hay varias posibles interpretaciones.
En mi caso, yo conduzco un mercedes enorme, de esos cuadradotes antiguos, que no se por qué uno se imagina automáticamente con matrícula de Ourense, y de ese color que los concesionarios llaman "arena" y pero mi abuela denomina "panza-burra". Mi carnet de conducir, en el sueño, solo me autoriza a circular de día, porque es un carnet de conducir especial que me han dado por ser buena persona, y tengo que ir siempre con alguien de copiloto para que me sujete el volante porque no llego con los pies a los pedales que están lejísimos si no me meto debajo del salpicadero entera.

Con mi coche gigante que solo puedo conducir por el día, voy a una casa que hay en un sitio que en el sueño digo que es mi pueblo, pero que en realidad es una de esas urbanizaciones que salen en las películas americanas con los chalets todo juntos pero no pegados, parecidos, pero distintos, que no tienen verja alrededor del jardín. Es verano (siempre) y mi copiloto que es cada vez una persona distinta siempre es alguien que conozco pero tampoco demasiado y que se sorprende cuando llegamos a la que se supone que la casa de mi familia. Sobre el césped hay una piscina de esas desmontables enorme llena de mujeres lesbianas entradas en carnes con bañadores todos iguales y gorritos de baño de esos con flores pegadas, que parecen muy contentas. También parece muy contento un hombre desnudo que hay en la bañera. En el sueño siempre voy al baño nada más llegar y no me sorprende encontrar a un tío en bolas allí tumbado con un taco de preguntas de Trivial sobre la barriga, que me dice que es el primo de Montse (pero no lo es, no se parece ni un poco siquiera, de hecho) y me dice que si nos hacemos una rondita de preguntas para pasar el rato, pero son de la edición nueva y fallo todas las rosas porque no veo la tele desde 10 años.

Y después me quiero ir porque se va a hacer de noche, pero la persona con la que había venido se quiere quedar en la piscina de las lesbianas a vivir, así que a cambio me llevo a una de ellas, que se llama Gladis y que me cuenta que tiene un hijo, porque cuando era más joven le gustaba tanto lo uno como lo otro, pero que ya no tiene paciencia para aguantar según que cosas y que además la subvención por ser homosexual sin ser un dineral paga todas las facturas. Gladis me agarra el volante mientras yo voy a buscar los pedales y entonces se ha hecho de noche del todo y menos mal que debajo del salpicadero hay un hotel, donde podemos aparcar y cenar y pasar la noche en una habitación con camas gemelas y por hacer todo eso, nos pagan (que no nos cobran) 19,99 dólares.

Cuando me despierto, Gladis no está y no ha dejado una nota ni nada, y en recepción me dicen que me puedo quedar a vivir y trabajar en el hotel, pero no me interesa porque el sueldo es negativo ya que tengo que darle dinero de mi bolsillo a la gente que se aloje allí, lo cual como huésped era estupendo pero desde el otro lado no se ve tan guay.
Así que presa de la desesperación me tumbo en el asfalto a esperar que me atropellen, pero él coche que viene es el monovolumen de mi padre que me monta en él y me echa una bronca monumental porque me he dejado la puerta de casa sin echar la llave y cuando le pregunto que si la de su casa o la de la mía me dice que cuántos años hace que no vivo con él (13 años), que es que no se había dado ni cuenta.
Y después me despierto y siempre tengo antojo de tortilla de patatas y sigo posponiendo lo de ir a pedir información a la autoescuela para ver si me saco el carnet de una vez.

viernes, 29 de enero de 2010


En ese momento de la noche en que deja de ser muy tarde para empezar a ser muy temprano, ella camina por el borde de la acera. Va a coger un taxi, pero los va dejando pasar por su lado uno tras otro, casi sin darse cuenta. Va a coger un taxi, pero todavía no.

No hace frío a pesar de que es febrero, las pocas personas con las que se cruza llevan los abrigos en la mano, bromean en grupos o parecen simplemente pasear. Algunos están ebrios. La atmósfera de la calle Cea Bermúdez parece un trailer de la primavera que se estrenará próximamente.

Ella evita mirar a los ojos de la gente, lleva la cabeza baja y el bolso colgando del hombro con despreocupación pese a que ella parece más preocupada que lo contrario. Concentrada. El viento le agita el pelo que hace unas horas debió de estar cuidadosamente peinado. El flequillo francés se levanta de su frente, haciendo que se parezca un poco a una versión femenina y melancólica de Tintín. Tiene una sombra de rimel en los párpados inferiores y mantiene los labios tan apretados parecen no existir.

Se detiene de repente a la altura del nuevo teatro y se gira muy lentamente como si fuera la primera vez que lo ve. Quizá es así. Se sienta en el banco que tiene delante, y recorre cada detalle de la fachada con la vista como si quisiera aprenderlo de memoria y saca del su bolso unos zapatos bajos, se quita los tacones con cuidado de no pisar en ningún momento el suelo con los pies descalzos. Ambos pares son de charol negro y parecen muy nuevos, quizá han sido comprados para la ocasión.

Se levanta y suspira, mientras echa una última mirada al banco para comprobar que no se deja nada. Camina algo más rápido, y para un taxi con la mano, el taxista conoce la dirección lo cual es una suerte, así que se recuesta en el asiento de atrás, notando como se relaja cada músculo de su cuerpo, y sin hacer el más mínimo ruido, por fin, llora.

miércoles, 20 de enero de 2010

LAY DOWN DAY


No consigo que funcione el ordenador y no sé si considerar como algo positivo que no haya empezado a arder espontáneamente. Se está acabando el día y me pregunto qué he hecho hoy a parte de estar sentada delante del portátil que permanece idénticamente inerte a como estaba hace seis horas.




Le cambio el agua al gato y le abro una lata de esas que le escatimo sistemáticamente porque está gordo, porque a lo mejor está gordo porque es infeliz y la comida es su única posibilidad de catarsis. Y suponiendo que esta teoría peregrina sea cierta... ¿ Dota esta última supuesta buena acción de algún valor a la jornada que se acaba?




En este miércoles en el que no fui ni siquiera buena compañía, en el que me limité a pedir ayuda para sostenerme a la mano de quien sabe que ninguno somos inocentes, en el que no he tachado ni una sola línea de la lista de things to do, en el que no hacía frío ni calor y al menos se me podía haber ocurrido a tiempo pasear un rato por ahí en minifalda para poner contento a algún hombre solo que se sienta más solo aún de cintura para abajo. En este miércoles en el que los espectadores pagaban menos para que los que dan espectáculo ganen igual, no fui ni lo uno ni otro, y con media botella de vino me he comido las pruebas de lo único que al parecer he hecho hoy por mantenerme productiva.




Productiva, eficaz, industriosa. Se me ocurren al menos una docena de adjetivos para eso que antes se daba en mí de manera natural y que ahora parece totalmente fuera de mi alcance, casi ciencia ficción. Leer. Dibujar. Acudir a exposiciones y conciertos. A tertulias en inglés. A caminar sin rumbo fijo con la cámara sin importar si hago 100 fotos o ninguna. Hasta mis aficiones han empezado a darme pereza y me pregunto que pasa cuando uno ya no es aficionado a nada. ¿Y cuando además no es profesional de nada? ¿Se es ya oficialmente nada? ¿Viene alguien a casa con una orden del juzgado y te retira el DNI? ¿Te evaporas sin más si el estado de lasitud amenaza con tornarse permanente?




El miércoles se ha ido y ni siquiera he considerado llegar a ninguna conclusión de como ocurrirá el proceso de despersonalizarse, de desexistir, de nadificarse. A lo mejor es tan sencillo como dejar pasar también el jueves, inmóvil e introspectivo, boca arriba, quizá sobre el costado el viernes, igualmente tendido, dormitando, reflexionando sin continuidad como un viejo chocho. Y después el sábado, salvando los ratos de la oficina en modo "auto" para venir después a casa, y más que a casa, al hogar que cada uno lleva dentro, en mi caso ese en el que mi madre me llevaba en brazos, porque era muy pequeña y me encontraba tan mal que ni me encontraba, y me daba chocolate y codeína y todo el mundo me dejaba en paz por unos días... Y quedarme ahí en ese sofá de mi imaginación domingo y lunes y martes... Semana tras semana hasta que ya no importe nada y mi cuerpo, boca arriba, boca abajo o de costado, sea solo una cascara que se pueda llevar un soplo de viento que entre por la ventana al ventilar este cuarto.




Si. Probablemente será así. Me quedo con esta hipótesis y casi satisfecha, y me despido:




Espero que tuvieran un buen miércoles.




Buenas noches.

lunes, 7 de diciembre de 2009

CLAIM


Tengo la sensación de que todo va bien mientras hago juicios sobre parcelas muy pequeñas de lo que pasa y me pasa ultimamente. Como si tuviese que llevar puestos unos chismes de esos de cuero que les ponen a los caballos para que no abarquen demasiado con la vista y no se sobresalten.

Pero la verdad es que no me va bien. Cuando abro la perspectiva y miro alrededor y hacia adentro la verdad es que no sé por cual de todos los aspectos que apestan de mi vida empezar a gritar primero.

Y sigo intentando mantener esa media sonrisa, esconder las viejas fotos para no castigarme más con pruebas físicas, y repetir una y mil veces como un mantra que no me puedo quejar. Que no me quiero quejar.

Quizá es que ya no me sé quejar. Que es queja en sí quedarse aquí sentado recordando momentos más puros, más limpios, más reales. Momentos que en mi cabeza se reproducen con los blancos tan quemados que deslumbran, con el frío tan intenso que corta la respiración, con las palabras tan precisas que no sobra ni falta una sola de ellas.

No me quejo. Enfoco distancias más cortas, detalles, pequeñeces. Lo que va bien, lo que se le vende a la galería, lo que sale en portada.

Estoy bien. No pasa nada. ¿Me oyes? ¿Me oigo yo acaso? Estoy bien.

O no. Pero en realidad qué más da.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

THERE IS NOT FALL


A veces tenerlo todo, significa no tener nada más. Quemar los planos de los túneles secretos, y poner cadenas en las salidas de emergencia.




Tenerlo todo, menos el pensamiento de ir a necesitar un paracaidas. No llevarlo. Saltar y pensar: tú me sujetas. Deshechar las dudas. No darnos opción a tener miedo. Tú me sujetas y si no es así me voy a dar tal hostia que me voy a poner del revés.




Pero no va a pasar. Por eso no nos permitimos las coderas, no llevamos chaleco salvavidas, vamos a toda velocidad, sin cuidado, como el niño que todavía no se estrelló nunca de la bicicleta. Sin cuidado. No hace falta el cuidado. Porque tú me cuidas.




Y hacemos como si nunca nos hubiéramos decepcionado, como si nadie nos hubiera dejado nunca caer, como si no nos hubiéramos levantado mil y una veces del suelo y mirándonos la ropa sucia y las rodillas heridas pensando: no lo hago más.




Porque el miedo, no es el antídoto del dolor. Porque estar alerta, es lo contrario de tener sueños. Y porque no hay paracaidas, salvavidas, ni plan B, que sea capaz de evitar que nos estrellemos de nuevo.




Asi que tenerlo todo, supongo que implica tenerte solo a ti. Que tú me tengas solo a mí. Y la certeza de que esto no puede estropearse, mientras no se estropee.

sábado, 21 de noviembre de 2009

CERCANÍAS. O NO TANTO.




Sábado. Medio día. Tren de cercanías. Estoy sentada de espaldas a la marcha y de frente al resto del vagón. Salí anoche y tengo sueño. No demasiado. Lo justo como para estar un poco confusa. Como si mis pensamientos bailaran a cámara lenta en mi cabeza. Gracias al cielo, estamos en el siglo veintiuno y las posibilidades de que mi supervivencia dependa de mi agilidad mental son escasas; en la prehistoria me habría comido un dinosaurio. Claro que en la prehistoria no existía el Wullitzer Ballroom.






Miro a mi alrededor. Caras largas. Madres con niños. Padres con bolsas. Chavales con legañas que se tocan la cara como si no acabaran de creerse que ya no están en la cama durmiendo plácidamente la mona. Yo misma, me paso la mano por la frente presa de uno de esos vértigos que me agarran ultimamente en los momentos menos oportunos. Esos momentos en los que mi flamante nueva vida parece demasiado nueva y demasiado flamante para ser vida, y sobre todo para ser mía y tengo la impresión de que cuando menos me lo espere va a romperse alguna costura y se va a desparramar todo por el suelo. O peor aún, que alguien va a sacudirme el brazo para despertarme del sueño delirante de que todo estaba bien, y me voy a encontrar sentada, como ahora, con la cabeza contra el cristal y el bolso entre las piernas, pero no en un tren camino de la sierra norte si no en uno de esos muchos aviones que cogí durante casi dos años, siempre marchándome de los sitios pero nunca llegando a ninguna parte.






Me levanto cuando se aproxima mi parada. Un chico de pelo largo muy largo y pantalones caídos se coloca a mi lado. Tiene aspecto de haber pasado una noche de viernes o muy muy buena o muy muy mala y también de ser uno de esos personajes que aparecen en los anuncios enfocados a la juventud. Un prototipo. Un macho alfa. Alguien que la industria discográfica podría convertir en un ídolo de jovencitas aunque no sepa cantar. Un tío guay, vamos.






Se gira y le pregunta dónde estamos a algo que sólo él ve por encima de mi cabeza. Se ha equivocado de tren. Lo encaja con la resignación de quien asume que en su estado lo verdaderamente complicado es que hubiera acertado a la primera y se baja delante de mí, quien sabe si con intención de regresar al punto de partida, de colgarse del primer pino alto que encuentre, o de unirse a una congregación de Capuchinos Descalzos.






Yo lo miro alejarse, mientras subo las escaleras que peldaño a peldaño me acercan más a mi centro de trabajo, y me doy cuenta por enésima vez, pero no con menos sorpresa que la primera, de que estar perdido es lo más fácil. Como si fuera nuestro estado natural. Como si estuviéramos diseñados para ello. Como si los caminos se retorcieran sobre si mismos con la única intención de hacernos asumir al fin nuestra condición de extraviados. No ya de estarlo, si no de serlo.






Y una vez más, también, con las mismas ganas que la primera, cruzo los dedos dentro del bolsillo de la chaqueta y pienso, por favor, si todo es mentira, que nadie venga a joderme con la verdad. Con ninguna verdad. Por favor.

viernes, 13 de noviembre de 2009

EL DIA MUNDIAL DE NOSOTROS Y LOS OTROS


En general, el trato con personas no es fácil. Y cuanto mayores nos hacemos, más complicaciones implica interactuar, en el trabajo, con los amigos, con los amigos de los amigos, con nuestras parejas y sus entornos y un más o menos largo etcétera dependiendo del caso.
Es curioso, eso si, como desde fuera, parece lo contrario.



Cuando éramos pequeños, nos enfadamos, nos insultábamos, amenazábamos con llamar a nuestro primo mayor, nos pegábamos, nos tirábamos piedras. El más mínimo roce daba lugar a una explosión de violencia que no dejaba lugar a duda: ahí había dos personas (o personitas) que no estaban nada de acuerdo.



Sin embargo ahora, cuando todos estamos ya más hechos a nuestra manera, con nuestras manías, nuestra intransigencia, nuestras filias y fobias. Cuando es más fácil que choquemos, lo hacemos de manera velada en la mayoría de los casos, con una sonrisa de compromiso y tragando bilis, porque somos adultos, y civilizados, y estamos trabajando, o en público, o porque, aún suponiendo que estemos tan exaltados que todo esto se nos olvide, en el caso de llegar a enfrentamiento verbal abierto o a las manos, no tenemos claro que llevemos las de "ganar". Porque el miedo es un mecanismo de represión muy fuerte una vez que ya todo lo demás ha dejado de importar.




Somos miembros de una sociedad culta, somos individuos educados, tenemos ese "saber estar" del que tanto hablan los franceses, en francés, y por eso no nos paseamos por ahí a menudo con un ojo morado y los nudillos desollados, pero eso nos evita que nos duela la lengua de tanto morderla, o los dientes de apretar la mandíbula. Y sobre todo, no nos evita la ulcera, el desgaste que produce ir tragando con todo y con todos. Pasando por el aro. Poniendo la otra mejilla, o al mal tiempo buena cara si no se es católico.


En momentos como el de ahora mismo, pienso, que lo igual que existe el día internacional de la agricultura intensiva, de los orinales con pedales, de las mujeres con hirsutismo extremo y de la pesca con explosivos, debería existir un día al año, una jornada internacional de decirse las cosas a la cara, de sacar lo que llevamos dentro, de quedarnos vacíos, y a gusto, y con el contador a cero en cuanto a rencores, reproches reprimidos, agravios nunca resarcidos.




Un día para gritarnos, insultarnos y agarrarnos de los pelos si hiciera falta. Que se pueda optar a un arbitro del estado que evite las lesiones físicas severas, y que una vez finalizada la jornada, nada cuente, nada tenga importancia, nada, salvo el la calma que sobreviene siempre después de la tempestad.


Un día de furia. De toda la furia, la mía, la tuya, la de todos. El día internacional de "los motivos por los que me caes muy mal". Puede que no sea la mejor idea del mundo, y se me ocurren mínimo 50 razones por las que no es ni siquiera buena idea a secas, pero a mi a título personal, hoy por hoy, en este preciso instante, me parece algo más que deseable.


Necesario.

jueves, 29 de octubre de 2009

DONT ASK ME, PLEASE


Frío. El ruido de los coches se eleva engalanando Madrid con intrincadas volutas sonoras. De los balcones brota espuma radiofónica, soporte del doméstico contoneo de mujeres invisibles barriendo, deseando, ardiendo, sobreexistiendo. El hombre del Cadillac sacándose un moco en su lujoso habitáculo a prueba de vergüenza. Y las gaviotas de mentira, sus huellas como cáscaras de pipas que la marea no se llevará. La voz del florista callejero que anuncia recompensas fáciles a precios de ganga.




Y todo se detiene y vuelve atrás como si fueras el dueño del mando a distancia en esta absurda comedia, que diría Sabina. Y se retuerce en un bucle de tiempo imposible de medir, mientras repites lo mismo con la misma inflexión y aún sin mirarme.




Y es demasiado pronto para saber que contestar y demasiado tarde para decirte que no quiero escuchar esa pregunta y reflexiono sobre que clase de infierno será el cielo de los torpes, mientras, digo algo que es igual que nada. Y que dónde era que nos íbamos a tomar esas cañas, que si es muy lejos, que estoy cansada.




Las gaviotas de atrezzo están cayendo a plomo contra el suelo. El Cadillac en llamas. Las mujeres que barren descubriendo su fealdad en el espejo. El florista decidido a jubilarse y entre medias mentiras y falsas verdades, Madrid, en este instante, da la sensación de estar muriendo.

lunes, 26 de octubre de 2009

PEROGRULLO


Entro en el msn, como siempre, primero de puntillas, invisible, mirando los sobrenombres y jugando a adivinar que se esconde detrás, que acontecimientos, emociones, o vaivenes son los que han ocasionado que "marketineando" se haya convertido en "¿sabes qué? me da igual" o que "Nos quiero" haya mutado desafortunadamente en "todo mierda". Me llama la atención especialmente una frase "a veces la vida puede ser maravillosa" así, que me anuncio con un simbólico llamar a la puerta y felicito a Lucio segura de que ese lema solo puede ser motivo de enhorabuena.




Lucio me cuenta que Ana va a dejarle, por algunas infidelidades no consumadas. Llamémoslo tonteos, coqueteos, agua de borrajas, o X. Que está harto de su trabajo y del frío y que quiere volverse a España pero que le preocupa como está todo por aquí con lo de la crisis. Vale. Pues si a veces la vida puede ser maravillosa, esta no parece desde luego una de esas veces. Pero Lucio se ríe y me dice que es una frase de Montes.




Montes. El comentarista. De cuya existencia yo no sabía nada hasta... Bueno hasta que la existencia en si, dejó de ser tal. Y no porque no me guste el deporte. Me encanta. Sobre todo el baloncesto, pero también me gustan los callos y hace mucho que no los como. Me basta con saber que existen, que son tal cual los recuerdo, que cuando quiera puedo comerme un plato a rebosar. Y cuando quiera puedo ir a ver un partido del Estu. Y con eso basta.




Busco en Google una foto del tal Montes. Un tío... Peculiar. Como una caricatura de si mismo. Un feo tan feo como de hacer de feo en super producciones de Holliwood. Y me pregunto porque pensaría que la vida puede ser maravillosa, que le haría feliz, que cosas convertirían un día normal en uno de esos días en los que uno se duerme sonriendo. Si tendría pareja, si esa pareja sería en parte la culpable al compartir su vida de que en ocasiones se tornara maravillosa. Si tendría vicios. Si fumaría porros. Si le gustaría el funky. Si compraría porno raro.




Lucio, me envía un zumbido. Me he quedado un poco en babia. Le explico que de repente me ha entrado un poco de inoportuno sentimiento de pérdida, y es raro, porque al difunto yo no le conocía ni por los medios. Me dice que no le de mas vueltas que solo es una frase, que en navidades intentará pasarse por Madrid, que cómo me van las cosas, que le de recuerdos a todos, que tiene ganas de darme un abrazo, y que ultimamente le cuesta dormir.




Y pienso que en el fondo es maravilloso que podamos contarnos como nos va la vida, sea por msn, por mail, por teléfono o en persona y con un par de enormes cafés por en medio.




Y ha hecho falta que fallezca alguien que me era totalmente ajeno, para llegar a la no por obvia menos jubilosa conclusión de que el hecho de que estemos vivos, ya es de por si, maravilloso.

lunes, 19 de octubre de 2009

EL AMOR, LOS TITULOS Y LOS AGUJEROS NEGROS


No recuerdo si estudie en la escuela la definición, por ejemplo, de un agujero negro, y sin tirar de Wikipedia, podría escribir un articulo bastante subjetivo que nunca sería sobre los agujeros negros, si no sobre mi percepción de ellos. Tendría que titularse " Los Agujeros Negros Según Kora" o "Mi Idea de Los Agujeros Negros" y contaría un montón de cosas entre mal-sabidas, y completamente inventadas, que serían para el resto de la gente mentira en su mayor parte.





Lo mismo me ocurre con el concepto de "amor". Después de leer detenidamente las 14 acepciones del diccionario de la RAE, sigo sin tener demasiado claro que es. Puedo emitir un juicio de valor basado en mi experiencia, o dar mi opinión, que será, por supuesto, parcial y tendenciosa, viniendo de quien intentó como casi todo el mundo dejar de creer en ello un par de veces, antes de comprender que si dejar de creer en procesos físico-químicos fuera suficiente para que dejaran de suceder, a estas ,por ejemplo, ya casi ninguna mujer creería en la menstruación.




Así que desde ahora, renuncio a escribir sobre el amor, y me refiero a escribir en todas sus formas: cartas, poemas, ensayos, canciones... Porque no sé lo que es el amor. No lo sé y eso no lo va a cambiar, la RAE, ni las pelis de Meg Ryan, ni los boleros de Lucho Gatica, ni las frases para conquistar que te llegan al móvil enviando un sms al 7447 (o como sea).




Podré escribir sobre esa sensación como de estar cayendo, tan despacio que es como si no cayera en absoluto, salvo por la sensación de vértigo en la boca del estómago.
Sobre la fuerza con la que las sílabas de algunos nombres parece que se pegan a la lengua y a la boca, como si no quisieran alejarse del calor de las mismas, como si quisieran pertenecernos un poco más que otros sonidos, que componen otras palabras, que significan cosas que en comparación no significan nada.
Sobre la intensidad de ese olor que se abre paso entre otros muchos, que parece incluso anular todos los demás sentidos, que nos convierte en una nariz gigante que solo puede reconocer, testificar, afirmar y proclamar, que es ÉL o ELLA y que se acerca.




Podré escribir, sobre mañanas de domingo en las que los cuerpos se despiertan antes de que las mentes, y las manos se reconocen antes que los ojos, y se demuestra que no es del todo verdad que antes del café no somos capaces de hacer nada bien.
Sobre libros dedicados, y bocadillos para después del partido. Sobre cosquillas, y ascensores, y despertadores que se retrasan 5, o mejor 20 minutitos más. Sobre ese "tú" que convierte un "yo", obviamente singular, en un "nosotros", que se revela más singular todavía.




Sobre todos esos temas, y mil más, y aún así, el título seguiría siendo "El Amor según Kora" o "Mi Idea del Amor".




O quizá "Cosas en las que No Quise Creer" e intentar darle así un toque de suspense.








jueves, 15 de octubre de 2009

A WINK


Parpadeo. Y la realidad tiembla a mi alrededor como reorganizándose, muy despacio.




Parpadeo. Cuando me despierto nunca sé dónde estoy. Tampoco qué hora es, ni de qué día. Luego, poco a poco, me voy llenando de datos y certezas. Me preparo para hacer de mí. No como quiero ser, sino para lo que debo hacer. Relleno para el hueco que tengo que ocupar. Sin más.




Tratando de servir para algo, si no para todo. Intentando entre tanto dilucidar si la rutina es la cadena que me hace cautiva o por el contrario lo único que me mantiene unida a la cordura. Aunque quizá estas dos premisas no son contrarias... Puede que los locos sean libres y los cuerdos seamos esclavos de nuestra propia cordura. Menos mal. ¿O quizá no?




Rutina, cordura, esclavitud necesaria, llámalo x, pero mientras pienso dónde, cómo, quién, cuándo, con quien más, que les dieron de comer, y qué llevaban puesto...No pienso en los POR QUES y eso es una bendición cuando hay muchas preguntas cuya respuesta no se quieren conocer.




Y asi, sin demasiada introspección y sin inflexión en absoluto, no soy lo que siento, ni lo que hago, ni lo que como, ni lo que digo... Ni siquiera lo que los otros creen tener delante cuando estoy. Ahí.




Parpadeo. Solo soy lo que hay bajo tu mano cuando me acaricias. Cuando no existen los minutos, ni el peso de las cosas. Cuando todo es blanco.Cuando estamos solos.




Cuando estemos completamente solos...Acariciáme para que pueda SER.




REAL.

martes, 13 de octubre de 2009

LA TRISTEZA: AL CONTENEDOR AMARILLO




Siempre me he considerado una persona triste. Una de esas personas que comenten la vulgaridad de ser tristes sin más, sin acabar de tener ganas de encajar entre los góticos, entre los "emos", entre los inadaptados que se jactan de serlo, o los que añadiéndole un poco de talento a la mezcla creen que pueden pasar por poetas malditos.












Triste para el hoy, pesimista para el mañana, y sobrellevando el ayer subida a una noria de amor-odio que no a fuerza de ser familiar se hace más cómoda. Alternando periodos de autocompasión injustificada con rachas de sencilla y confortable desesperanza. Podría haber sido Punk, pero eso requiere una cantidad de energía de la que creo no haber dispuesto nunca y además me gusta demasiado comer bien y comprar zapatos.








No pensé nunca que mi tristeza, tuviera una razón real, más allá de mi incapacidad para encarar lo cotidiano de un modo práctico y positivo, y que conste que tengo muy clara la diferencia entre el ser y el estar. Un profesional diría probablemente que yo tenía un problema endógeno, pero en la intimidad del me, mi, conmigo... Yo era solo triste. Relajada y soberanamente triste.








Sin embargo, no sé ni como, de un tiempo a esta parte me sorprendo, contestando a la eterna pregunta que estoy bien, y no es un bien de cortesía, no es un bien despistado que esconde un ansia por pasar a lo siguiente, no es un bien de esos que encajan en cualquier momento en el que no nos atreveríamos a decir ninguna otra cosa. Es un bien, que se columpia un instante en una sonrisa que no acaba de abarcarlo. Un bien, resplandeciente, y tan carente de razones puntuales como mi tristeza pasada (aunque también contestaba que estaba bien, lo cual demuestra que bien es una de las palabras con más significados tácitos que existen).








Un bien, que delante de un café y en círculos más intimos viene seguido de una explicación tipo "estoy viviendo un momento muy dulce en mi vida". Con una explicación que no dice en realidad casi nada. No porque en el pack de la felicidad viniera la timidez también de regalo, si no porque no hay nada que decir...








Nada que justifique esta sonrisa tranquila, o quizá todo. Porque las circunstancias puntuales vienen y van y cambian, se mueven, se atropellan, se anulan, se acompañan, y oscilan, y oscilan y vuelven a oscilar como una onda en la que cada curva da impulso a la siguiente de signo contrario y así hasta el infinito.








Nada. Porque las circunstancias son como yo las veo y no lo que son en realidad. Nada, porque no es lo que pasa ahí fuera, si no en lo que yo me he convertido.








Yo era una persona triste. Podéis imaginarme diciéndolo con una banda negra sobre los ojos como si de un programa de testimonios se tratara. Lo era. No me da vergüenza decirlo. Pero ahora estoy bien. Es más, haciendo valer la diferencia entre el ser y estar de nuevo, esta vez de modo mucho más gozoso. No es que ahora esté bien, o esté mejor...








Es que ahora vivo bien. Y soy mejor.












domingo, 11 de octubre de 2009

SOBRE EL PRINCIPIO DE LO QUE PARECE NO TENER FIN


No se puede vivir como si la belleza no existiera. En eso pienso mientras te pregunto en qué piensas, mientras me clavas lo dedos en la carne, concentrado y concienzudo tratando de aprenderme con el ceño fruncido como si fuera difícil -Pienso que te quiero- contestas veloz, esta lección ya del todo aprendida, mientras me dibujas con lo pulgares graves los huesos de las caderas, la feliz curva de mi vientre, el ombligo optimista, los pechos salpicados de lunares -casi simétricos- dices con la sonrisa de un niño que se sabe único dueño de un milagro.


Y yo también te quiero, reflexiono, mientras escucho la cisterna del vecino de arriba (tú no, tú cuando estás entretenido no oyes nada), los primeros pájaros anunciando que ha dejado de ser muy tarde para empezar a ser muy temprano, los muelles de la cama alborozarse cada vez que tomas nuevas posiciones sobre el terreno ya conquistado.


Yo también te quiero y sin embargo no quisiera. Pero es tarde ya para negarte tres veces, para desaprender la longitud y firmeza de tus hombros, la dulzura de la curva de tu cuello, o la sencilla perfección de líneas de tu espalda. Para borrar los caminos que en tu cuerpo tracé con mis labios, para sacar chorreando salados mis ojos de tus ojos y ponerlos a secar a salvo, lejos de ti, de tus miradas de mar gruesa, de tus playas de carne, de este salto mortal desde las rocas.


Tarde, pienso mientras me haces el amor con la suavidad de quien se sabe manejando algo valioso y delicado y esa intensidad dichosa con que se acomete todo lo que es nuevo.


Tarde, desde el principio que no lo parecía o desde antes aún, el momento en el que comprendí que no se puede vivir como si la belleza no existiera.


-¿Qué?- preguntas de repente erguido y sudoroso, privándome por un segundo de la magia curativa de tu peso. Y te atraigo hacia mí, tratando de robarte al mundo un rato más, buscando tu oído para resumirte mi viaje de ida, mi miedo al naufragio, mi vuelta reticente, mi llegada triunfal, mi destino definitivo, y al final solo digo -Gracias- y mientras me sonríes con la seguridad del que sabe que no puede perder, mientras en algún lugar del edificio ha empezado a sonar un viejo Lp de Sabina, mientras cae al suelo la enésima tabla disidente del somier, mientras te tensas como un arco a punto de romperte y gritas como llamándote a ti mismo, perdiéndote y hallándote en un jubiloso instante.....


Me pregunto si demasiada belleza no será también incompatible con la vida.Me refiero por supuesto a tu belleza. Y a mi vida.

lunes, 5 de octubre de 2009

"Profundas" Conclusiones Esperando a que Acabe la Lavadora


1- Los besos en la frente, abrazarse cuando hace calor y los zumos de naranja exprimidos para otro son de amor. Todo lo demás convencionalismo y falacias.




2-La gente que se pone de estado civil en el Facebook "en una relación abierta" o bien es de otro planeta o tiene Síndrome de Divulgación Compulsiva. ¿De verdad es como para que se sepa que a parte de acostarte con quien normalmente te acuestas te acuestas con otras personas? ¿O que esa persona se acuesta a su vez con otras personas también? ¿Nos hemos vuelto todos locos? ¿Soy yo sola la que no le ve el sentido?




3- El tiempo que tarda la lavadora en hacer una colada en el programa rápido no tiene nada que ver con lo que digan las instrucciones, es inversamente proporcional a la prisa que tengas porque termine para tender.




4- Los celos se retroalimentan. Y cuando son sin motivo son una pasión baja, intensa, agotadora, humillante y sórdida que nos convierte en seres pequeños y despreciables. Por favor, que inventen una medicina que nos haga a todos confiados, calmados, magnánimos y más guapos. Prefiero ser una cornuda ingenua que un alma torturada. Autotortura=caca.




5- Los aeropuertos son como la Divina Comedia de Dante. Salidas, Llegadas, Retrasos y Pérdida de Maletas. No sé como lo hago que yo voy cambiando de campo: voy, vengo, a tiempo, tarde, con equipaje, sin él... Y me parece que siempre me toca la parte del infierno.




6-Para que una canción sea exitosa y pegadiza a parte de un ritmo machacón necesita una letra idiota. Como contenga alguna palabra de más de tres sílabas es un fracaso seguro.




7- Que el tamaño no importa es un mito. Pero ser amoroso importa más y a nadie se le ha ocurrido inventar el "mimitos extender". Maaaaal. Muy mal.




8- Volver al trabajo después de las vacaciones es una mierda. Y descubrir que no se te ha olvidado ninguno de los conocimientos que tuviste que adquirir para desempeñar tu labor es consolador y deprimente a la vez.




9- Te quiero, son dos palabras que producen una emoción distinta cada vez que se escuchan de alguien por primera vez. Cuando ya no quedan virginidades que perder esas son las únicas primeras veces que de verdad cuentan.




10- Algunas personas no sabemos vivir sin llevarlo todo al extremo. La calma nos aburre tanto que nos hace sentir que no estamos vivos. Somos unos pobres enfermos adictos a nuestra propia adrenalina. Pero también es verdad que cuando somos felices somos las personas más rutilantemente felices del universo. Luego la caída es... Es otra historia. La lavadora ha terminado y yo con eso, por hoy, me doy por más que satisfecha.

viernes, 2 de octubre de 2009

FRAGILE


Hace falta una variación de muy pocos grados en el ángulo de una sonrisa para que se convierta en la mueca más amarga.

Igualmente en la memoria, bastan un par de caricias de más para arrancarle a los mejores recuerdos su pátina brillante.

En un solo un segundo, la mañana más radiante se puede cubrir de nubes y explotar en tormenta.

Y una sola palabra de sobra o que no llega, es capaz de convertir cualquier sábado en lunes o viceversa.

He estado dándole vueltas a que las cosas buenas son tan frágiles, que a veces pienso que sería mejor no volver ni a rozarlas.

jueves, 1 de octubre de 2009

FROM AMSTERDAM...


Toda la poesía de esta ciudad en bicicleta. La belleza de postal de sus canales, con sus barcos cargados de turistas, que miran, con los ojos girando 360 grados, tras las cámaras. Toda esa búsqueda suya, que es la mía, ese afán de detener el instante, de captar la esencia, de llevarse a casa una imagen que sea Amsterdam. Que explique no solo lo que vimos, si no también lo que olimos, lo que dejó en nuestro ánimo el mercado de las flores, lo que causó en nuestros huesos la llovizna tibia de principios de otoño, lo que le ocurrió a nuestra cabeza a orillas del Dommel...

Todas las sensaciones de esta capital de juguete, todas las palabras, en todos los idiomas que aquí se encuentran para intentar definir lo que mi corazón sabe pero mi boca no alcanza. Todos los minutos de plenitud en los que estuve lejos de todo menos de lo que mis sentidos abarcaban...

Y todas esas noches, de cama improvisada y risas de desplazados, y esa luna, que se ve otra aunque sea la misma desde este salón con las horas contadas en Slotervaart... Esas noches que también estuvieron hechas de tu ausencia, reverso de esos días, llámalos vacaciones o exilio o paréntesis o punto de inflexión o quizá más que razonable independencia...

Todas esas unidades de longitud, de distancia, de definición, de temperatura y de belleza si es que se puede medir en algo más fiable que el lapso de tiempo que se tarda en recuperar la respiración tras el impacto de cualquier rincón de esta ciudad que es tan bonita que casi da miedo.

Todas y cada una de esas medidas, y por supuesto, todo lo que implica un peso, desaparecen, se evaporan, dejan de existir con un fundido en negro que dura 3 palabras: Las que tú necesitas al teléfono para decirme en un susurro que me extrañas.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

LOS COMOS Y LAS SOMBRAS


Como un cocinero frente a la nevera vacía.




Como quien mira las cenizas del que fue su hogar sin reconocer ningún fragmento que le resulte familiar entre los cascotes.




Como aquel guerrero que en medio del campo de batalla descubre que ya no le quedan gritos de rabia en la garganta con los que forzarse a levantar la espada una vez más.




Como una oruga que suspendió el examen de ser mariposa.




Como alguien sin nombre que ninguno de nosotros conoce y que se muere muy lejos de aquí, lentamente, y sin hacer ruido.




Como una golondrina en un vagón de metro.




Como el cantante del grupo al que rechazaron todas las discográficas.




Como el único superviviente de un accidente de avión en el que viajaban todos sus conocidos.




Así me he sentido…




Como si hubieran formateado el disco duro de mi vida y sólo me hubieran dejado una traza de dolor, difuso, sin sentido: insuficiente.




Como si el cuello no me hiciera el giro, sin poder mirar hacia atrás, por encima de mi hombro.




Como si me hubieran criogenizado un siglo y acabase de despertarme con hambre.




Como si el pasado no existiera.




Como si solo hubiera, hoy (y mañana), y aquí, este instante, estos nombres, las caras nuevas, las únicas caras, los nuevos nombres, los nombres para toda una vida.




Y yo.




¿Soy yo? No sé quien fui yo antes de ser yo ahora… E ignoro si antes yo me parecía a como soy yo.




Y esa es la mejor parte. O la peor. O quizá todo junto.




domingo, 20 de septiembre de 2009

UNA HISTORIA PARA JAIME


Porque tú que te asomas a estas líneas me sugieres que escriba algo que sea alegre, y supongo que me cuesta el mismo trabajo inventar una excusa que una historia con príncipes y una princesa, y un dragón muerto, (pero no de un modo escatológico, por supuesto), y cuatro hadas y ningún funeral.




Porque tú me lo pides, y al fin y al cabo es justo, que te devuelva una semilla de sonrisa, después de que hayamos compartido algún que otro ramo de primaverales carcajadas (de tallo largo eso, si, nosotros ante todo, siempre tan elegantes).




Porque me haces prometertelo, y es raro. Porque hace mucho que no prometo nada a nadie, ni siquiera a mi misma, porque temo a la fragilidad de los pactos más que a la sempiterna presencia en mi vida de un caos del que nadie espera nada...Y menos yo.




Porque tú lo sabes, y no sólo porque yo te lo he contado, que tengo guardada dentro la belleza calmada de la bahía de Galway, la serenidad de las playas de coral de Clifden, la manera en que la lluvia se convierte en glaseado al tocar Grafton Street... Porque tengo mil cuentos por contar, muchas anécdotas, algunos chistes (que aunque son malos tienen la mejor de las intenciones), recetas para hacer besos cuando vienen invitados, canciones con que trocar los momentos tristes en momentos igual de tristes pero más entrañables (las bebidas alcohólicas no son imprescindibles, y si hicieran falta hay que adquirirlas a parte).




Porque erase una vez que tú estabas triste, y te tumbaste en el suelo a esperar tu treinta cumpleaños, y yo que iba corriendo despavorida porque en lo que se había convertido mi existencia mi aterraba, nos encontramos. Y fue un tropiezo, de esos de los que en las comedias románticas salen anillos de diamantes. Un tropiezo de esos de los que en el fútbol se enseña la roja directa. Un tropiezo de esos, que si hubiera sido literal, te hubiera costado a ti dos costillas rotas y a mi un esguince de tobillo y probablemente también algunos gritos - Pero oiga, está usted tonto, ponerse ahí en medio a estar triste en el piso, ande y haga algo, por dios, en vez de tenderse a esperar que pase algo que lo cambie todo, tarado.




Pero a veces pasan cosas... Y esta es mi historia alegre para ti, la historia de como tú estabas cansado y yo huyendo, y nos encontramos. Y es una historia que se acaba aquí, pero no se acaba, sigue con cada ruso blanco, con cada café, con cada salida de la M-30 que nos pasamos, con cada texto, con cada risa, con cada "tengo un problema", con cada "qué necesitas", con cada día que pasa y seguimos, siendo iguales en lo que somos, pero muy diferentes en lo que conformamos, desde que podemos considerarnos, y llamarnos, y presumir de ser: AMIGOS.