miércoles, 20 de enero de 2010

LAY DOWN DAY


No consigo que funcione el ordenador y no sé si considerar como algo positivo que no haya empezado a arder espontáneamente. Se está acabando el día y me pregunto qué he hecho hoy a parte de estar sentada delante del portátil que permanece idénticamente inerte a como estaba hace seis horas.




Le cambio el agua al gato y le abro una lata de esas que le escatimo sistemáticamente porque está gordo, porque a lo mejor está gordo porque es infeliz y la comida es su única posibilidad de catarsis. Y suponiendo que esta teoría peregrina sea cierta... ¿ Dota esta última supuesta buena acción de algún valor a la jornada que se acaba?




En este miércoles en el que no fui ni siquiera buena compañía, en el que me limité a pedir ayuda para sostenerme a la mano de quien sabe que ninguno somos inocentes, en el que no he tachado ni una sola línea de la lista de things to do, en el que no hacía frío ni calor y al menos se me podía haber ocurrido a tiempo pasear un rato por ahí en minifalda para poner contento a algún hombre solo que se sienta más solo aún de cintura para abajo. En este miércoles en el que los espectadores pagaban menos para que los que dan espectáculo ganen igual, no fui ni lo uno ni otro, y con media botella de vino me he comido las pruebas de lo único que al parecer he hecho hoy por mantenerme productiva.




Productiva, eficaz, industriosa. Se me ocurren al menos una docena de adjetivos para eso que antes se daba en mí de manera natural y que ahora parece totalmente fuera de mi alcance, casi ciencia ficción. Leer. Dibujar. Acudir a exposiciones y conciertos. A tertulias en inglés. A caminar sin rumbo fijo con la cámara sin importar si hago 100 fotos o ninguna. Hasta mis aficiones han empezado a darme pereza y me pregunto que pasa cuando uno ya no es aficionado a nada. ¿Y cuando además no es profesional de nada? ¿Se es ya oficialmente nada? ¿Viene alguien a casa con una orden del juzgado y te retira el DNI? ¿Te evaporas sin más si el estado de lasitud amenaza con tornarse permanente?




El miércoles se ha ido y ni siquiera he considerado llegar a ninguna conclusión de como ocurrirá el proceso de despersonalizarse, de desexistir, de nadificarse. A lo mejor es tan sencillo como dejar pasar también el jueves, inmóvil e introspectivo, boca arriba, quizá sobre el costado el viernes, igualmente tendido, dormitando, reflexionando sin continuidad como un viejo chocho. Y después el sábado, salvando los ratos de la oficina en modo "auto" para venir después a casa, y más que a casa, al hogar que cada uno lleva dentro, en mi caso ese en el que mi madre me llevaba en brazos, porque era muy pequeña y me encontraba tan mal que ni me encontraba, y me daba chocolate y codeína y todo el mundo me dejaba en paz por unos días... Y quedarme ahí en ese sofá de mi imaginación domingo y lunes y martes... Semana tras semana hasta que ya no importe nada y mi cuerpo, boca arriba, boca abajo o de costado, sea solo una cascara que se pueda llevar un soplo de viento que entre por la ventana al ventilar este cuarto.




Si. Probablemente será así. Me quedo con esta hipótesis y casi satisfecha, y me despido:




Espero que tuvieran un buen miércoles.




Buenas noches.

No hay comentarios:

Publicar un comentario