sábado, 5 de septiembre de 2009

Quiet Times


Aunque paso mucho tiempo en otro plano de consciencia, de vez en cuando me doy un paseo por el mundo real y pongo todos los sentidos en menesteres tan prosaicos como hacer la compra, recibir valoraciones sobre mi trabajo por parte de mis superiores, opinar sobre campañas publicitarias, atender llamadas de pervertidos (porque yo les atiendo, me quito los cascos de las orejas y les dejo que se descarguen lo que quieran, que me viene muy bien para ir sacando tareas administrativas cuando estamos muy liados), tener conversaciones "de chicas" es decir "sobre hombres" en noches que querían ser "de chicas" osea "sin hombres", pero que acaban siendo todo lo contrario (en el fondo da igual porque cuando se juntan muchos tios y se ponen a discutir de segun que temas podrias subirte a la mesa en pelotas con un cartel en el cuello que diga "me lo trago" que nadie te va a prestar atención de todas maneras).


Esta ha sido una semana tranquila. Se agradece despues de tanto vaiven... Como si tras pasar los ultimos dos meses cruzando a pie los infiernos hubiese abierto una trampilla que da directamente a la cafeteria del Ikea... Soy asi de simple, para mi música suave y albondiguillas suecas es algo muy parecido a le felicidad. Y no tener la cabeza dando vueltas sin parar y un nudo que no se por donde empezar a deshacer en el estomago, tambien.


Supongo que es tan facil como tener voluntad de hacer las cosas faciles... El camino marcado es aburrido, pero en algunos tramos, es mejor no andar reptando entre moreras y ortigas. Es mas espectacular cuanto mas aparatoso pero a no ser que uno tenga un corazon secreta o abiertamente masoquista, por ahi, es mucho mas dificil alcanzar la felicidad. Relativa o total. Como estado, como auto-engaño. Como entelequia. Da igual. Si duele, pese a lo que dice el saber popular, hay muchas probabilidades de que no cure, y divertido, divertido, a las claras se ve, que no es.


Mi abuela mantenía eso de "libreme dios de las aguas mansas que de las rapidas ya le librare yo". Pero si que es verdad que aunque a veces las aguas mas calmadas pueden esconder rapidos remolinos bajo la superficie, al contrario no ocurre nunca. Una catarata siempre es una catarata, no vas a meter el pie y descubrir debajo un lago. Por eso intento rodearme de gente tranquila, que para tormento interior y neurosis de libro, ya tengo bastante conmigo misma. Por mucho que a veces la tentacion de rodearnos de semejantes es grande, sentirse comprendido es un alivio breve...Y falaz. Hay cosas que no deberia entender nadie, o al menos, que nadie deberia justificar.


Aunque paso la mayor parte del tiempo en los mundos de Kora, tengo al suerte de que de vez en cuando alguien me agarra de una pierna y me hace tocar tierra, me recuerda que tambien de pan vive el hombre, y que ser mejor persona es una meta alcanzable, que no solo reporta beneficios ajenos.


Y hablo sobre cosas que no importan y me rio de chistes que son malos, y me vale con haber sobrevivido a un fin de semana sin brujula y sin mapa, para sentirme feliz. Vulgarmente feliz como si la normalidad fuera algo indiscutiblemente bueno. Y quiza lo es. Al menos esta normalidad que ahora mismo me hace sonreir, aun estando en la oficina una mañana de domingo.

viernes, 4 de septiembre de 2009

BACKWARD-FORWARD


Hace poco, y cuando digo poco, cometo la vulgaridad de referirme al aspecto puramente cronológico, y no a las vivencias, ni a la intensidad de los momentos, yo era una persona que no tenía nada que perder.




Y cuando digo nada, me refiero a esa nada absoluta que hay al fondo del cubo de la ropa sucia después de poner tres lavadoras, a la nada que queda en las paredes de la habitación de un hijo cuando se ha ido de casa y se ha llevado los posters. A la nada de las noches en blanco, a la silenciosa nada que sigue a "el teléfono al que llama está apagado o fuera de cobertura". A esa nada, que es lo último que escogeríamos si pudiéramos, incluso por detrás del dolor, de la frustación y de la rabia.




Hace unos días, (y entendamos el sentido elástico de "día" sin definirlo como conjunto de 24 horas) todo lo que veía delante y por detrás de mis ojos, era un campo yermo y abrasado, un desolado paraje en el que parecía que no iba a brotar jamás de nuevo vida alguna.




Pero a veces los milagros ocurren; sobreviene la tormenta y se empapa el desierto, y corremos riendo a ponernos a cubierto de la mano de alguien que puede llegar a convertirse en Alguien con mayúsculas.




O puede que no. Pero hoy a quién le importa eso ¿verdad?




miércoles, 2 de septiembre de 2009

Limpieza General.


- Voy a remangarme y a dejar mi vida tan limpia que va a deslumbrar...


-Tu vida ya deslumbra, por eso se te acercan todos los bichitos.


-Tiene sentido.


- Si, además también explica porque tú nunca ves las cosas buenas que tienes delante.

lunes, 31 de agosto de 2009

To miss or not To miss


No quisiera decirte que te echo de menos porque quizá no sea lo más adecuado. Porque quizá el mismo echo de echarte de menos no sea adecuado. Porque qué pensara la mujer del panadero si me pilla salivando delante del escaparate. Qué pensara el panadero. Qué dirá la gente. Qué diré yo. Perdón. Y no quiero disculparme por estar viva. Por seguir siendo la de antes, la de antes de todo, la de después de aquello, con la lección aprendida, con la batalla perdida, con ese escozor que no cesa en las heridas, que ya no sangran, pero que apuntan a ser penitencia de por vida.


No quisiera decirte que te echo de menos, para no esperar una frase que se cruce con la mía. Para no tender una mano, que está de todo menos vacía. Para que no sepas, que miro con temor de ver, que ignoro con temor de saber, que el ojo que pongo en la cerradura no está preparado para según qué. Que me hago preguntas, que me encojo si atisbo las respuestas, que a veces lloro, que aún me arrepiento. Que estoy aquí por ello, que soy así por eso, que a veces no podría afirmar qué tiene menos sentido de todo esto…Que a ratos no sé por quien de todos nosotros era más necesario que me quitase de en medio.


No quisiera decirte que te echo de menos, que lo cambiaria todo, por darte uno de aquellos masajes que te debía (¿qué te debo?). Que todo es parodia a pequeña escala, que siento a medias, que interpreto, que intento sacudirme esta sensación de estar fingiendo mi papel, en esta serie de exiliados de bajo presupuesto. Que te llevo conmigo, que todo lo que fue nuestro cuando sueño es mío, que no tengo rabia porque es justo el castigo, que he comprendido que el dolor y la distancia no son enemigos…Que te extraño tanto que a veces me pica tu piel, me duele tu rodilla, me despiertan tus ronquidos…No quisiera decirte que te echo de menos. No me tengas en cuenta.No leas en alto. No escuches mis quejidos.

sábado, 29 de agosto de 2009

Nada salvo el amor. Y también viceversa.


El día en que me di cuenta de que Deniro tenía razón, el cielo era de un color gris casi blanco que hacía daño en los ojos, y hacía un calor húmedo, como de tormenta en la costa. Había un grupo de hombres y mujeres fumando en la puerta de PriceWaterHouseCoopers, mucho maquillaje, tacones, trajes de Cortefiel, corbatas lisas, muchas pretensiones: Gente pequeña, que diría Robin.


Robin estaba en Bretaña y yo la echaba mucho en falta. Me dolía la cabeza y había olvidado tomarme las pastillas de por la mañana. Me preguntaba si mi gato sería feliz con la nueva distribución de la casa, si tardaríamos mucho en pintar el salón. Si llovería.


El día en que me di cuenta de que Deniro tenía razón, Mario me contó que se sentía viejo porque Dani se casaba, y no supe que decirle. Llamé al banco a ver si tenían ya mi nueva tarjeta y apunté en mi libreta que hay que comprar leche y embutido. Llegué tarde al médico. Me dormí en el autobús de vuelta a casa. Olvidé llamar a Marta. De Marta encontré varios libros en las cajas de deshice, y los puse aparte aunque la reforma ocupa tanto sitio por todas partes que apartar algo se hace cada vez más difícil. Está contenta en su nuevo trabajo y yo estuve contenta por ella. También un poco preocupada por mi abuela y sus achaques. Contrita por haber roto en una misma semana un cajón del congelador, mis pantalones de camuflaje y mi casco nuevo. Algo cansada sin saber muy bien por qué.


El día en que me di cuenta de que Deniro tenía razón. Era viernes. Pasé la mañana metiendo cartas en sobres. Hablé con Celso por el Messenger y me sentí acompañada y comprendida. Me comí una tableta de chocolate mientras ignoraba el telediario. Descubrí que Orange me había cortado la línea. Hice cuentas de facturas y mandangas sobre un papel. Me quedé prendada de un vestido gris en un escaparate. Estuve tarareando canciones de Los piratas mientras fregaba los cacharros. Y me dije que en la vida hay muchas más cosas a parte del amor. Me lo repetí cien veces: muchas más cosas a parte del amor.


Y después puse una peli de acción en el DVD y me quedé dormida.

Un Tren llamado Cabreo


Como tantos otros conceptos abstractos, el enfado es difícil de cuantificar. Podría intentarse establecer una escala basándonos en las manifestaciones externas, por ejemplo, enfadado como para poner mala cara, enfadado como para marcharse, enfadado como para repartir un par de guantazos, o tan enfadado como para recurrir a la violencia con objetos contundentes.




Pero para empezar está el problema de que cada persona tiene una manera determinada y única de expresar su ofuscación. Conozco gente que por menos de nada se lía a hostias, cuando yo solo barajo el poner mala cara, irme dando un portazo y en caso de indignación extrema el desaparecer para siempre.




Para seguir, la escala de medición de enojo debería ser universal y oficial y para ello tendríamos que ir con nuestras teorías, trabajos de campo, vídeos explicativos y nuestro mejor traje a someternos al juicio de un organismo oficial que bien podría ser El Instituto de Ciencias del Comportamiento, o directamente no existir, como La Real Academia de Arrebatos y Cabreos.




Por lo tanto, me temo que seguiremos sin tener una unidad de medida para este fenómeno y menos aún una graduación que nos permitiera hacer afirmaciones del tipo "tiene un rebote del grado 7 en la escala de O´Leary" (O´Leary fue un jefe que tuve hace años que en eso de estar furioso como un oso era toda una eminencia).




En conclusión: si no sois capaces de determinar por vosotros mismos, interpretando las señales que emite el sujeto que echa humo en conjunción con la información previa que tenéis de esa persona, no va a haber regla, ley o galletita de la fortuna que os pueda ayudar. Y si en la hipotética escala que no existe alguien estuviera 10 sobre 10 con respecto a vosotros... Mejor no os acerquéis a preguntarle cómo de enfadado está. Por vuestro bien. Por el de todos.




jueves, 27 de agosto de 2009

Make it Clear


Si la gente tuviera más claro lo que quiere y tuviera menos reparos en expresarlo todo sería distinto. No mejor, y puede que no más bonito, pero sería, desde luego más fácil. Yo creo que una cena con vino y una noche de pasión son un buen plan en si mismos. Si el vino es medianamente caro y los partenaires huelen bien y no caen en una espiral de silencios incómodos...O si hay algún servicio de valor añadido como que la casa del anfitrión tenga bañera (si, soy pobre, soy pobre y no tengo bañera).
¿Por qué tratar de disfrazar un producto que en principio de por si ya es estupendo? ¿Por qué perfumarlo de futuribles, de condicionales, de tópicos? ¿Por qué andarse con tanta tontería que lo único que hace es aumentar el grado de confusión global y dejar a la gente a los dos días contrariada y boquiabierta sin saber muy bien si lo que le ha pasado por encima ha sido un protonovio fugaz, un amante con aspiraciones, un terremoto de grado 7 o un jabalí rabioso de 500 kilos?
Yo por mi parte lo tengo claro. No tengo el horno para bollos, ni el chichi para farolillos (madre mía, que daño ha hecho Aida en el inconsciente colectivo), ni ganas de encajarme en un plural, ni planes de comprarme un piso, ni la alarma del reloj biológico perturbando mi voluntaria inconsciencia...
Por lo tanto, seamos claros, signifiquémonos, que no nos de vergüenza reconocer quienes somos, que queremos, que buscamos... Que no nos de miedo saberlo. Si buscas un novio, si quieres tener un perro en condominio, si no sabes que hacer con el espacio que te sobra en el sofá, dilo. Si tienes los huevos llenos de amor, ganas de bailar hasta sudar y luego de seguir sudando cuando la música ya no le importe a nadie, reconócelo, sé claro, hazte una camiseta que lo proclame. Lo que sea.
Y si no conoces los margenes de tus propias expectativas, si no descartas enamorarte follando, o descubrir que estás enganchado después de veinte cafés y dos sesiones de cine, si no te producen pesadillas las cuentas conjuntas pero sabes que a veces lo más sensato es marcharse en el primer metro de la mañana. Sé honesto, si, tú también, porque los espectros amplios no son excusa suficiente para camuflarse tras una ambigüedad que al final siempre se acaba quedando corta y deja a propios y ajenos con el culo al aire.
Reconozco mi parte de culpa, porque la tengo, y nunca querría pecar de ver la viga en el ojo ajeno y no reparar en la paja del propio (que cerdo me ha sonado siempre esto. Cerdo e incómodo). Pero creo que he aprendido la lección mientras daba dramáticos saltitos vitales entre confundidora y confundida. Y si rectificar es de sabios, y perseverar es de bestias, espero que esto me acerque un poco más a la favorecedora toga de los maestros griegos, aunque por debajo me sigan asomando en ocasiones las pezuñas.