
Como tantos otros conceptos abstractos, el enfado es difícil de cuantificar. Podría intentarse establecer una escala basándonos en las manifestaciones externas, por ejemplo, enfadado como para poner mala cara, enfadado como para marcharse, enfadado como para repartir un par de guantazos, o tan enfadado como para recurrir a la violencia con objetos contundentes.
Pero para empezar está el problema de que cada persona tiene una manera determinada y única de expresar su ofuscación. Conozco gente que por menos de nada se lía a hostias, cuando yo solo barajo el poner mala cara, irme dando un portazo y en caso de indignación extrema el desaparecer para siempre.
Para seguir, la escala de medición de enojo debería ser universal y oficial y para ello tendríamos que ir con nuestras teorías, trabajos de campo, vídeos explicativos y nuestro mejor traje a someternos al juicio de un organismo oficial que bien podría ser El Instituto de Ciencias del Comportamiento, o directamente no existir, como La Real Academia de Arrebatos y Cabreos.
Por lo tanto, me temo que seguiremos sin tener una unidad de medida para este fenómeno y menos aún una graduación que nos permitiera hacer afirmaciones del tipo "tiene un rebote del grado 7 en la escala de O´Leary" (O´Leary fue un jefe que tuve hace años que en eso de estar furioso como un oso era toda una eminencia).
En conclusión: si no sois capaces de determinar por vosotros mismos, interpretando las señales que emite el sujeto que echa humo en conjunción con la información previa que tenéis de esa persona, no va a haber regla, ley o galletita de la fortuna que os pueda ayudar. Y si en la hipotética escala que no existe alguien estuviera 10 sobre 10 con respecto a vosotros... Mejor no os acerquéis a preguntarle cómo de enfadado está. Por vuestro bien. Por el de todos.

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