jueves, 29 de octubre de 2009

DONT ASK ME, PLEASE


Frío. El ruido de los coches se eleva engalanando Madrid con intrincadas volutas sonoras. De los balcones brota espuma radiofónica, soporte del doméstico contoneo de mujeres invisibles barriendo, deseando, ardiendo, sobreexistiendo. El hombre del Cadillac sacándose un moco en su lujoso habitáculo a prueba de vergüenza. Y las gaviotas de mentira, sus huellas como cáscaras de pipas que la marea no se llevará. La voz del florista callejero que anuncia recompensas fáciles a precios de ganga.




Y todo se detiene y vuelve atrás como si fueras el dueño del mando a distancia en esta absurda comedia, que diría Sabina. Y se retuerce en un bucle de tiempo imposible de medir, mientras repites lo mismo con la misma inflexión y aún sin mirarme.




Y es demasiado pronto para saber que contestar y demasiado tarde para decirte que no quiero escuchar esa pregunta y reflexiono sobre que clase de infierno será el cielo de los torpes, mientras, digo algo que es igual que nada. Y que dónde era que nos íbamos a tomar esas cañas, que si es muy lejos, que estoy cansada.




Las gaviotas de atrezzo están cayendo a plomo contra el suelo. El Cadillac en llamas. Las mujeres que barren descubriendo su fealdad en el espejo. El florista decidido a jubilarse y entre medias mentiras y falsas verdades, Madrid, en este instante, da la sensación de estar muriendo.

lunes, 26 de octubre de 2009

PEROGRULLO


Entro en el msn, como siempre, primero de puntillas, invisible, mirando los sobrenombres y jugando a adivinar que se esconde detrás, que acontecimientos, emociones, o vaivenes son los que han ocasionado que "marketineando" se haya convertido en "¿sabes qué? me da igual" o que "Nos quiero" haya mutado desafortunadamente en "todo mierda". Me llama la atención especialmente una frase "a veces la vida puede ser maravillosa" así, que me anuncio con un simbólico llamar a la puerta y felicito a Lucio segura de que ese lema solo puede ser motivo de enhorabuena.




Lucio me cuenta que Ana va a dejarle, por algunas infidelidades no consumadas. Llamémoslo tonteos, coqueteos, agua de borrajas, o X. Que está harto de su trabajo y del frío y que quiere volverse a España pero que le preocupa como está todo por aquí con lo de la crisis. Vale. Pues si a veces la vida puede ser maravillosa, esta no parece desde luego una de esas veces. Pero Lucio se ríe y me dice que es una frase de Montes.




Montes. El comentarista. De cuya existencia yo no sabía nada hasta... Bueno hasta que la existencia en si, dejó de ser tal. Y no porque no me guste el deporte. Me encanta. Sobre todo el baloncesto, pero también me gustan los callos y hace mucho que no los como. Me basta con saber que existen, que son tal cual los recuerdo, que cuando quiera puedo comerme un plato a rebosar. Y cuando quiera puedo ir a ver un partido del Estu. Y con eso basta.




Busco en Google una foto del tal Montes. Un tío... Peculiar. Como una caricatura de si mismo. Un feo tan feo como de hacer de feo en super producciones de Holliwood. Y me pregunto porque pensaría que la vida puede ser maravillosa, que le haría feliz, que cosas convertirían un día normal en uno de esos días en los que uno se duerme sonriendo. Si tendría pareja, si esa pareja sería en parte la culpable al compartir su vida de que en ocasiones se tornara maravillosa. Si tendría vicios. Si fumaría porros. Si le gustaría el funky. Si compraría porno raro.




Lucio, me envía un zumbido. Me he quedado un poco en babia. Le explico que de repente me ha entrado un poco de inoportuno sentimiento de pérdida, y es raro, porque al difunto yo no le conocía ni por los medios. Me dice que no le de mas vueltas que solo es una frase, que en navidades intentará pasarse por Madrid, que cómo me van las cosas, que le de recuerdos a todos, que tiene ganas de darme un abrazo, y que ultimamente le cuesta dormir.




Y pienso que en el fondo es maravilloso que podamos contarnos como nos va la vida, sea por msn, por mail, por teléfono o en persona y con un par de enormes cafés por en medio.




Y ha hecho falta que fallezca alguien que me era totalmente ajeno, para llegar a la no por obvia menos jubilosa conclusión de que el hecho de que estemos vivos, ya es de por si, maravilloso.

lunes, 19 de octubre de 2009

EL AMOR, LOS TITULOS Y LOS AGUJEROS NEGROS


No recuerdo si estudie en la escuela la definición, por ejemplo, de un agujero negro, y sin tirar de Wikipedia, podría escribir un articulo bastante subjetivo que nunca sería sobre los agujeros negros, si no sobre mi percepción de ellos. Tendría que titularse " Los Agujeros Negros Según Kora" o "Mi Idea de Los Agujeros Negros" y contaría un montón de cosas entre mal-sabidas, y completamente inventadas, que serían para el resto de la gente mentira en su mayor parte.





Lo mismo me ocurre con el concepto de "amor". Después de leer detenidamente las 14 acepciones del diccionario de la RAE, sigo sin tener demasiado claro que es. Puedo emitir un juicio de valor basado en mi experiencia, o dar mi opinión, que será, por supuesto, parcial y tendenciosa, viniendo de quien intentó como casi todo el mundo dejar de creer en ello un par de veces, antes de comprender que si dejar de creer en procesos físico-químicos fuera suficiente para que dejaran de suceder, a estas ,por ejemplo, ya casi ninguna mujer creería en la menstruación.




Así que desde ahora, renuncio a escribir sobre el amor, y me refiero a escribir en todas sus formas: cartas, poemas, ensayos, canciones... Porque no sé lo que es el amor. No lo sé y eso no lo va a cambiar, la RAE, ni las pelis de Meg Ryan, ni los boleros de Lucho Gatica, ni las frases para conquistar que te llegan al móvil enviando un sms al 7447 (o como sea).




Podré escribir sobre esa sensación como de estar cayendo, tan despacio que es como si no cayera en absoluto, salvo por la sensación de vértigo en la boca del estómago.
Sobre la fuerza con la que las sílabas de algunos nombres parece que se pegan a la lengua y a la boca, como si no quisieran alejarse del calor de las mismas, como si quisieran pertenecernos un poco más que otros sonidos, que componen otras palabras, que significan cosas que en comparación no significan nada.
Sobre la intensidad de ese olor que se abre paso entre otros muchos, que parece incluso anular todos los demás sentidos, que nos convierte en una nariz gigante que solo puede reconocer, testificar, afirmar y proclamar, que es ÉL o ELLA y que se acerca.




Podré escribir, sobre mañanas de domingo en las que los cuerpos se despiertan antes de que las mentes, y las manos se reconocen antes que los ojos, y se demuestra que no es del todo verdad que antes del café no somos capaces de hacer nada bien.
Sobre libros dedicados, y bocadillos para después del partido. Sobre cosquillas, y ascensores, y despertadores que se retrasan 5, o mejor 20 minutitos más. Sobre ese "tú" que convierte un "yo", obviamente singular, en un "nosotros", que se revela más singular todavía.




Sobre todos esos temas, y mil más, y aún así, el título seguiría siendo "El Amor según Kora" o "Mi Idea del Amor".




O quizá "Cosas en las que No Quise Creer" e intentar darle así un toque de suspense.








jueves, 15 de octubre de 2009

A WINK


Parpadeo. Y la realidad tiembla a mi alrededor como reorganizándose, muy despacio.




Parpadeo. Cuando me despierto nunca sé dónde estoy. Tampoco qué hora es, ni de qué día. Luego, poco a poco, me voy llenando de datos y certezas. Me preparo para hacer de mí. No como quiero ser, sino para lo que debo hacer. Relleno para el hueco que tengo que ocupar. Sin más.




Tratando de servir para algo, si no para todo. Intentando entre tanto dilucidar si la rutina es la cadena que me hace cautiva o por el contrario lo único que me mantiene unida a la cordura. Aunque quizá estas dos premisas no son contrarias... Puede que los locos sean libres y los cuerdos seamos esclavos de nuestra propia cordura. Menos mal. ¿O quizá no?




Rutina, cordura, esclavitud necesaria, llámalo x, pero mientras pienso dónde, cómo, quién, cuándo, con quien más, que les dieron de comer, y qué llevaban puesto...No pienso en los POR QUES y eso es una bendición cuando hay muchas preguntas cuya respuesta no se quieren conocer.




Y asi, sin demasiada introspección y sin inflexión en absoluto, no soy lo que siento, ni lo que hago, ni lo que como, ni lo que digo... Ni siquiera lo que los otros creen tener delante cuando estoy. Ahí.




Parpadeo. Solo soy lo que hay bajo tu mano cuando me acaricias. Cuando no existen los minutos, ni el peso de las cosas. Cuando todo es blanco.Cuando estamos solos.




Cuando estemos completamente solos...Acariciáme para que pueda SER.




REAL.

martes, 13 de octubre de 2009

LA TRISTEZA: AL CONTENEDOR AMARILLO




Siempre me he considerado una persona triste. Una de esas personas que comenten la vulgaridad de ser tristes sin más, sin acabar de tener ganas de encajar entre los góticos, entre los "emos", entre los inadaptados que se jactan de serlo, o los que añadiéndole un poco de talento a la mezcla creen que pueden pasar por poetas malditos.












Triste para el hoy, pesimista para el mañana, y sobrellevando el ayer subida a una noria de amor-odio que no a fuerza de ser familiar se hace más cómoda. Alternando periodos de autocompasión injustificada con rachas de sencilla y confortable desesperanza. Podría haber sido Punk, pero eso requiere una cantidad de energía de la que creo no haber dispuesto nunca y además me gusta demasiado comer bien y comprar zapatos.








No pensé nunca que mi tristeza, tuviera una razón real, más allá de mi incapacidad para encarar lo cotidiano de un modo práctico y positivo, y que conste que tengo muy clara la diferencia entre el ser y el estar. Un profesional diría probablemente que yo tenía un problema endógeno, pero en la intimidad del me, mi, conmigo... Yo era solo triste. Relajada y soberanamente triste.








Sin embargo, no sé ni como, de un tiempo a esta parte me sorprendo, contestando a la eterna pregunta que estoy bien, y no es un bien de cortesía, no es un bien despistado que esconde un ansia por pasar a lo siguiente, no es un bien de esos que encajan en cualquier momento en el que no nos atreveríamos a decir ninguna otra cosa. Es un bien, que se columpia un instante en una sonrisa que no acaba de abarcarlo. Un bien, resplandeciente, y tan carente de razones puntuales como mi tristeza pasada (aunque también contestaba que estaba bien, lo cual demuestra que bien es una de las palabras con más significados tácitos que existen).








Un bien, que delante de un café y en círculos más intimos viene seguido de una explicación tipo "estoy viviendo un momento muy dulce en mi vida". Con una explicación que no dice en realidad casi nada. No porque en el pack de la felicidad viniera la timidez también de regalo, si no porque no hay nada que decir...








Nada que justifique esta sonrisa tranquila, o quizá todo. Porque las circunstancias puntuales vienen y van y cambian, se mueven, se atropellan, se anulan, se acompañan, y oscilan, y oscilan y vuelven a oscilar como una onda en la que cada curva da impulso a la siguiente de signo contrario y así hasta el infinito.








Nada. Porque las circunstancias son como yo las veo y no lo que son en realidad. Nada, porque no es lo que pasa ahí fuera, si no en lo que yo me he convertido.








Yo era una persona triste. Podéis imaginarme diciéndolo con una banda negra sobre los ojos como si de un programa de testimonios se tratara. Lo era. No me da vergüenza decirlo. Pero ahora estoy bien. Es más, haciendo valer la diferencia entre el ser y estar de nuevo, esta vez de modo mucho más gozoso. No es que ahora esté bien, o esté mejor...








Es que ahora vivo bien. Y soy mejor.












domingo, 11 de octubre de 2009

SOBRE EL PRINCIPIO DE LO QUE PARECE NO TENER FIN


No se puede vivir como si la belleza no existiera. En eso pienso mientras te pregunto en qué piensas, mientras me clavas lo dedos en la carne, concentrado y concienzudo tratando de aprenderme con el ceño fruncido como si fuera difícil -Pienso que te quiero- contestas veloz, esta lección ya del todo aprendida, mientras me dibujas con lo pulgares graves los huesos de las caderas, la feliz curva de mi vientre, el ombligo optimista, los pechos salpicados de lunares -casi simétricos- dices con la sonrisa de un niño que se sabe único dueño de un milagro.


Y yo también te quiero, reflexiono, mientras escucho la cisterna del vecino de arriba (tú no, tú cuando estás entretenido no oyes nada), los primeros pájaros anunciando que ha dejado de ser muy tarde para empezar a ser muy temprano, los muelles de la cama alborozarse cada vez que tomas nuevas posiciones sobre el terreno ya conquistado.


Yo también te quiero y sin embargo no quisiera. Pero es tarde ya para negarte tres veces, para desaprender la longitud y firmeza de tus hombros, la dulzura de la curva de tu cuello, o la sencilla perfección de líneas de tu espalda. Para borrar los caminos que en tu cuerpo tracé con mis labios, para sacar chorreando salados mis ojos de tus ojos y ponerlos a secar a salvo, lejos de ti, de tus miradas de mar gruesa, de tus playas de carne, de este salto mortal desde las rocas.


Tarde, pienso mientras me haces el amor con la suavidad de quien se sabe manejando algo valioso y delicado y esa intensidad dichosa con que se acomete todo lo que es nuevo.


Tarde, desde el principio que no lo parecía o desde antes aún, el momento en el que comprendí que no se puede vivir como si la belleza no existiera.


-¿Qué?- preguntas de repente erguido y sudoroso, privándome por un segundo de la magia curativa de tu peso. Y te atraigo hacia mí, tratando de robarte al mundo un rato más, buscando tu oído para resumirte mi viaje de ida, mi miedo al naufragio, mi vuelta reticente, mi llegada triunfal, mi destino definitivo, y al final solo digo -Gracias- y mientras me sonríes con la seguridad del que sabe que no puede perder, mientras en algún lugar del edificio ha empezado a sonar un viejo Lp de Sabina, mientras cae al suelo la enésima tabla disidente del somier, mientras te tensas como un arco a punto de romperte y gritas como llamándote a ti mismo, perdiéndote y hallándote en un jubiloso instante.....


Me pregunto si demasiada belleza no será también incompatible con la vida.Me refiero por supuesto a tu belleza. Y a mi vida.

lunes, 5 de octubre de 2009

"Profundas" Conclusiones Esperando a que Acabe la Lavadora


1- Los besos en la frente, abrazarse cuando hace calor y los zumos de naranja exprimidos para otro son de amor. Todo lo demás convencionalismo y falacias.




2-La gente que se pone de estado civil en el Facebook "en una relación abierta" o bien es de otro planeta o tiene Síndrome de Divulgación Compulsiva. ¿De verdad es como para que se sepa que a parte de acostarte con quien normalmente te acuestas te acuestas con otras personas? ¿O que esa persona se acuesta a su vez con otras personas también? ¿Nos hemos vuelto todos locos? ¿Soy yo sola la que no le ve el sentido?




3- El tiempo que tarda la lavadora en hacer una colada en el programa rápido no tiene nada que ver con lo que digan las instrucciones, es inversamente proporcional a la prisa que tengas porque termine para tender.




4- Los celos se retroalimentan. Y cuando son sin motivo son una pasión baja, intensa, agotadora, humillante y sórdida que nos convierte en seres pequeños y despreciables. Por favor, que inventen una medicina que nos haga a todos confiados, calmados, magnánimos y más guapos. Prefiero ser una cornuda ingenua que un alma torturada. Autotortura=caca.




5- Los aeropuertos son como la Divina Comedia de Dante. Salidas, Llegadas, Retrasos y Pérdida de Maletas. No sé como lo hago que yo voy cambiando de campo: voy, vengo, a tiempo, tarde, con equipaje, sin él... Y me parece que siempre me toca la parte del infierno.




6-Para que una canción sea exitosa y pegadiza a parte de un ritmo machacón necesita una letra idiota. Como contenga alguna palabra de más de tres sílabas es un fracaso seguro.




7- Que el tamaño no importa es un mito. Pero ser amoroso importa más y a nadie se le ha ocurrido inventar el "mimitos extender". Maaaaal. Muy mal.




8- Volver al trabajo después de las vacaciones es una mierda. Y descubrir que no se te ha olvidado ninguno de los conocimientos que tuviste que adquirir para desempeñar tu labor es consolador y deprimente a la vez.




9- Te quiero, son dos palabras que producen una emoción distinta cada vez que se escuchan de alguien por primera vez. Cuando ya no quedan virginidades que perder esas son las únicas primeras veces que de verdad cuentan.




10- Algunas personas no sabemos vivir sin llevarlo todo al extremo. La calma nos aburre tanto que nos hace sentir que no estamos vivos. Somos unos pobres enfermos adictos a nuestra propia adrenalina. Pero también es verdad que cuando somos felices somos las personas más rutilantemente felices del universo. Luego la caída es... Es otra historia. La lavadora ha terminado y yo con eso, por hoy, me doy por más que satisfecha.