miércoles, 23 de septiembre de 2009

LOS COMOS Y LAS SOMBRAS


Como un cocinero frente a la nevera vacía.




Como quien mira las cenizas del que fue su hogar sin reconocer ningún fragmento que le resulte familiar entre los cascotes.




Como aquel guerrero que en medio del campo de batalla descubre que ya no le quedan gritos de rabia en la garganta con los que forzarse a levantar la espada una vez más.




Como una oruga que suspendió el examen de ser mariposa.




Como alguien sin nombre que ninguno de nosotros conoce y que se muere muy lejos de aquí, lentamente, y sin hacer ruido.




Como una golondrina en un vagón de metro.




Como el cantante del grupo al que rechazaron todas las discográficas.




Como el único superviviente de un accidente de avión en el que viajaban todos sus conocidos.




Así me he sentido…




Como si hubieran formateado el disco duro de mi vida y sólo me hubieran dejado una traza de dolor, difuso, sin sentido: insuficiente.




Como si el cuello no me hiciera el giro, sin poder mirar hacia atrás, por encima de mi hombro.




Como si me hubieran criogenizado un siglo y acabase de despertarme con hambre.




Como si el pasado no existiera.




Como si solo hubiera, hoy (y mañana), y aquí, este instante, estos nombres, las caras nuevas, las únicas caras, los nuevos nombres, los nombres para toda una vida.




Y yo.




¿Soy yo? No sé quien fui yo antes de ser yo ahora… E ignoro si antes yo me parecía a como soy yo.




Y esa es la mejor parte. O la peor. O quizá todo junto.




domingo, 20 de septiembre de 2009

UNA HISTORIA PARA JAIME


Porque tú que te asomas a estas líneas me sugieres que escriba algo que sea alegre, y supongo que me cuesta el mismo trabajo inventar una excusa que una historia con príncipes y una princesa, y un dragón muerto, (pero no de un modo escatológico, por supuesto), y cuatro hadas y ningún funeral.




Porque tú me lo pides, y al fin y al cabo es justo, que te devuelva una semilla de sonrisa, después de que hayamos compartido algún que otro ramo de primaverales carcajadas (de tallo largo eso, si, nosotros ante todo, siempre tan elegantes).




Porque me haces prometertelo, y es raro. Porque hace mucho que no prometo nada a nadie, ni siquiera a mi misma, porque temo a la fragilidad de los pactos más que a la sempiterna presencia en mi vida de un caos del que nadie espera nada...Y menos yo.




Porque tú lo sabes, y no sólo porque yo te lo he contado, que tengo guardada dentro la belleza calmada de la bahía de Galway, la serenidad de las playas de coral de Clifden, la manera en que la lluvia se convierte en glaseado al tocar Grafton Street... Porque tengo mil cuentos por contar, muchas anécdotas, algunos chistes (que aunque son malos tienen la mejor de las intenciones), recetas para hacer besos cuando vienen invitados, canciones con que trocar los momentos tristes en momentos igual de tristes pero más entrañables (las bebidas alcohólicas no son imprescindibles, y si hicieran falta hay que adquirirlas a parte).




Porque erase una vez que tú estabas triste, y te tumbaste en el suelo a esperar tu treinta cumpleaños, y yo que iba corriendo despavorida porque en lo que se había convertido mi existencia mi aterraba, nos encontramos. Y fue un tropiezo, de esos de los que en las comedias románticas salen anillos de diamantes. Un tropiezo de esos de los que en el fútbol se enseña la roja directa. Un tropiezo de esos, que si hubiera sido literal, te hubiera costado a ti dos costillas rotas y a mi un esguince de tobillo y probablemente también algunos gritos - Pero oiga, está usted tonto, ponerse ahí en medio a estar triste en el piso, ande y haga algo, por dios, en vez de tenderse a esperar que pase algo que lo cambie todo, tarado.




Pero a veces pasan cosas... Y esta es mi historia alegre para ti, la historia de como tú estabas cansado y yo huyendo, y nos encontramos. Y es una historia que se acaba aquí, pero no se acaba, sigue con cada ruso blanco, con cada café, con cada salida de la M-30 que nos pasamos, con cada texto, con cada risa, con cada "tengo un problema", con cada "qué necesitas", con cada día que pasa y seguimos, siendo iguales en lo que somos, pero muy diferentes en lo que conformamos, desde que podemos considerarnos, y llamarnos, y presumir de ser: AMIGOS.












viernes, 18 de septiembre de 2009

El Final del Verano


Después de todo lo que di la lata para que se acabara el verano, ahora me da pena que llegue el otoño. Por un lado está muy bien, es todo un descanso para los sentidos: colores suaves, planes suaves, escotes suaves, tejidos suaves, la suave música del viento en los cristales, la caricia del edredón nórdico recién salido del tinte, suave, suave, suave...




Pero también se acaban esas noches en las que Madrid brilla como un enorme gato negro recién cepillado. Esas mujeres que se arreglan tanto con tan poca cosa. Esos planes que nunca se ven amenazados por la prisa, como si todo el mundo estuviese de vacaciones, aunque haya trabajado hoy y trabaje de nuevo mañana temprano. Porque "mañana temprano" no existe en Madrid en las noches de verano.




Ahora me arrepiento un poco de haber hecho tanta fuerza mental para que llegase por fin septiembre, como si hubiese realmente empujado el calendario y fuera en parte la responsable de que afuera llueva y las calles estén llenas de individuos de toda clase y condición luciendo eclécticos outfits que combinan chanclas con abrigo, botas con tirantes, bufanda con bermudas y en todos los casos una expresión contrariada como de "¿pero qué ha pasado?".




Me podía haber dado por desear la paz en el mundo, una vacuna contra el cancer, que las cosas ricas no engordaran, o que se muriese Jose Mari, pero no. Me dio por intentar viajar en el tiempo, a donde los días son cortos y las noches paradojicamente también.




Como si las penas fueran pájaros que se mueren de frío. O como si hubiera un cole al que volver y en la pizarra fueran a ir apareciendo una por una, todas las soluciones a todos los problemas. Como si pudiéramos parsar página en el almanaque y con la misma facilidad en todo lo demás.




Asi que si alguien pretendía alargar el estío hasta entrado octubre, le pido perdón. Afuera está diluviando y es culpa mía.

jueves, 17 de septiembre de 2009

SOME KIND OF SEX


Desde que no hago el amor por amor, he hecho muchas cosas. He tenido sexo de rutina a cambio de cierta estabilidad que resultó ser sólo aparente. He hecho el amor a alguien que me quería pero no me amaba (Frase grande donde las haya: te quiero pero no te amo).




He cambiado sexo por compañía. He follado para rescatar mi autoestima del inframundo. He echado algún polvo sólo por estar sin pensar un rato, alguno por puro placer de agitar la cabeza al grito de "porque yo lo valgo". He hecho el amor con una persona que solo conocía el amor a su propia persona. Me he aburrido en la cama, atrapada en una suerte de pesadilla de puesta en escena, sin pasión, sin coreografía, sin puta gracia en ninguno de los sentidos posibles.




He tenido una noche memorable, de cariño, de dulzura, de amistad sublimada, de lecciones que se aprenden y no se olvidan, de esas que te dejan una luz encendida en el pecho que te trae de vuelta en ti, por muy lejos que te hayas ido a extraviar.




He tenido sexo por diversión y gracias al cielo me he divertido. Por colgarme la medalla. Por tener un cuerpo contra el que dormir. Porque alguien me dijo "Kora, is the wrong time, and the wrong place" y a mí nadie me dice ni cómo ni cuándo...Y menos cuando me he vestido con toda la intención de que me desvistan con los dientes.




He follado borracha y sin darle muchas vueltas. Con todo el decorado montado desde semanas antes y un guión muy claro que seguir o saltarse en la cabeza. Con quien yo quería. Con quien nunca hubiera pensado. Con mis condones. Con los ajenos. De local y de visitante. En un Nissan a la vista de todo mi vecindario. Frente al mar. En Madrid. En Getafe y tiro porque me toca.




Y es cierto que cómo no tengo costumbre de ser soltera, ando despistada como en la Candyshop...Pero no lo es que necesito demostrar que donde pongo el ojo pongo la flecha. Y tampoco es solo porque Life is for living. Porque Ireland is diferent, o porque no hay que dejar pasar la oportunidad de aprender inglés de la manera que sea...




Y aunque el sexo es un tabú, y está mal, y no es decente andar por ahí haciendo el casting de un modo activo, y qué diría mi familia y voy a ir al infierno y hay cosas que vale que se hagan, pero desde luego no se dicen...A las dos de la mañana de este sábado en el que tuve frío y me arroparon, en el que tuve hambre y me dieron de comer, en el que me sentí sola y me acompañaron...Llego a casa, no lo bastante borracha como para justificar nada de lo ocurrido, y me veo en el espejo con el rimel bastante repartido, con la falda casi por el cuello, con la ropa interior fuera de sitio, y siento que para ser medio decente (a decente del todo ya no voy a opositar a estas alturas), debiera al menos arrepentirme un poco, sentir asco, o vergüenza, o alivio de que no me haya visto nadie llegar en este estado...Pero encuentro que hay algo extrañamente bello, controvertidamente delicado, algo sublime y bajo y dulce y acre en este outlook de ninfa seducida y mancillada...




Y no me arrepiento de nada de lo que hice mientras no pude hacer lo que realmente quise.






-----Desde que no cambio amor por amor, y desde que no hago el amor por amor--------

lunes, 14 de septiembre de 2009

something not so special


Tiene que haber algo que me haga feliz con los pantalones puestos. A parte de comer. Algo que podamos hacer juntos. A parte de follar. Alguien con quien pueda ser quien soy. A parte de mí misma, que ya no me soporto, y no hay donde esconderse.

domingo, 13 de septiembre de 2009

Excuse me Sir, but I´m a Princess


Quiero volver a ser: la niña bonita, la perra egoísta, la princesa que grita y grita y ve a todos correr mientras se parte de risa.




Quiero volver a tener: un séquito, mil súbditos, portadas de revista. Guardaespaldas, condesas amigas, que todos me amen aunque sea mentira...
No necesito ni el aire... Solo la purpurina. Seguir fingiendo, también ante mí misma, que no acabé remangándome el armiño para limpiar las letrinas.




Y quiero: volver a nacer, vivir una historia de papel couché, follar por placer, dormir por el día... Y darme grandes atracones de comida.




¿Cómo podría silenciar mi conciencia y alejar de mí cualquier sabiduría? ¿Cómo podría coronarme reina y desterrar la empatía? ¿Olvidar mis "progresos" y regresar a mi vida?




Quiero volver a ser: la niña bonita, la perra egoísta, la que cree que no hay nadie que se le resista.

sábado, 12 de septiembre de 2009

Misiones Más que Posibles.


Hoy he cumplido una misión que empezada a parecer imposible. Richard Rogers y yo hoy nos hemos conocido un poquito más. De hecho estoy pensando en pedirle a él que venga a montar conmigo la cajonera del Ikea y así no doy la lata a los de siempre... Claro que suponiendo que el bueno de Richard encontrara un hueco en su agenda para pasarse a tomar un café por el 13, Rue del Percebe y echar una mano con la logística made in Suecia, lo más probable es que colocase las patas en lo alto, los cajones a los lados, los rieles por abajo. Y encima una cúpula. O que se presentase también en la puerta de casa el príncipe Carlos (o algún emisario, que me doy cuenta de que no soy tan VIP como para que me visite la realeza) a paralizar el proyecto y tuviera que seguir con mi ropa interior guardada en cajas de cartón como hasta ahora, y encima me tocara consolar a Rogers. Y todo el mundo sabe que aquí a ser consolado se puede venir cuando se quiera, pero como también hay mucha tarea, remangarse se hace requisito imprescindible. Además el trabajo dignifica, ya lo decían los nazis.




Es sábado. Estoy en casa. No pasa nada. Al menos estoy fuera de la cama. Y ha sido un día si no fructífero en términos objetivos al menos "vivido". Es maravilloso haber dejado atrás esa extraña sensación de estar siempre cansado, de despertarse ya cansado, de no querer levantarse, de no encontrar nada que resulte en teoría más atractivo que el abrazo incondicional de las sábanas...




Pero el caso es que si te levantas...Si lo consigues, entonces, no estás cada vez más cansado, si no que ocurre al revés. Como uno de esos relojes "kinetic" que se daban cuerda solos con el movimiento, me doy cuenta de que voy ganando fuerza, pisando más segura, riéndome cada vez más con la risa de antes, según van pasando los minutos y las horas, según me voy cruzando y descruzando con personas, (que no con gente), como si yo existiera más o quizá mejor, porque ellos creen en mí. Como si me hiciera realidad cuando consigo robarme a mi misma al sueño... A eso sueño que parece curarlo todo, a costa de un tiempo que es demasiado valioso para ser asesinado...




No quiero seguir matando el tiempo. Hoy lo sé. (Mañana ya veremos).




Y en este día que se salvó milagrosamente del altar de los sacrificios cupieron una exposición. Un paseo. Un café. Darle un abrazo a mi ahijada que cada vez se me hace más extraña, porque crece, y eso por un lado da como mucho miedo, pero por otro lado pienso: "qué buena excusa, Laura, para volver a conocernos"




Y también bromear con mi tía. Decirle que con los rulos parece una Pin Up. Intentar convencerla para que nos fuguemos un fin de semana a Berlín ahora que sus hijos ya son los suficientemente mayores para meter lasañas congeladas en el Microondas. Cenar con la familia. Recordar que la tengo. Mirarlo todo en el metro de vuelta a casa como si fuera de otro planeta. Gente riendo. Niños que lloran. Maletas. Maquillaje. Señoras contrariadas sentadas junto a chicos que tienen a sus vez a chicas sentadas en las rodillas. Ese brillo, ese olor, esa energía casi eléctrica que emanan los jóvenes. Los primeros amores. Tanta inconsciencia. Tanta pasión. Tanta estupidez... Tanto de todo dentro de un vagón, y es tan intenso que me obliga a respirar con la boca abierta, con los pulmones llenos, con la cabeza ardiendo. Con la sensación de que debo de estar poniendo la misma cara de boba visionaria que el tipo raro aquel de American Beauty que se quedaba extasiado mirando una bolsa de plástico. (por cierto: bolsa-caca).




Y Rogers. Por supuesto. Y tú, tanto si me lees como si no. Y la vida, con todo lo pequeño y lo grande, lo dulce y lo absurdo. Lo tuyo y lo mío, y lo de quienes en apariencia no tienen nada.




Un día de esos en los que solo hace falta no decir no, para que asalten un millón de síes. Uno de esos en los que es fácil tomar lo que viene, aprovechar lo que viene, disfrutar lo que viene, montar una cajonera uno solo, de madrugada, y sentirse feliz. Sencillamente: FELIZ.




Y saber que lo mejor, es siempre lo que toma impulso en el ahora, para sorprendernos después... Y después... Después sabes ¿qué? Después tú también, por favor, sorpréndeme.