domingo, 20 de septiembre de 2009

UNA HISTORIA PARA JAIME


Porque tú que te asomas a estas líneas me sugieres que escriba algo que sea alegre, y supongo que me cuesta el mismo trabajo inventar una excusa que una historia con príncipes y una princesa, y un dragón muerto, (pero no de un modo escatológico, por supuesto), y cuatro hadas y ningún funeral.




Porque tú me lo pides, y al fin y al cabo es justo, que te devuelva una semilla de sonrisa, después de que hayamos compartido algún que otro ramo de primaverales carcajadas (de tallo largo eso, si, nosotros ante todo, siempre tan elegantes).




Porque me haces prometertelo, y es raro. Porque hace mucho que no prometo nada a nadie, ni siquiera a mi misma, porque temo a la fragilidad de los pactos más que a la sempiterna presencia en mi vida de un caos del que nadie espera nada...Y menos yo.




Porque tú lo sabes, y no sólo porque yo te lo he contado, que tengo guardada dentro la belleza calmada de la bahía de Galway, la serenidad de las playas de coral de Clifden, la manera en que la lluvia se convierte en glaseado al tocar Grafton Street... Porque tengo mil cuentos por contar, muchas anécdotas, algunos chistes (que aunque son malos tienen la mejor de las intenciones), recetas para hacer besos cuando vienen invitados, canciones con que trocar los momentos tristes en momentos igual de tristes pero más entrañables (las bebidas alcohólicas no son imprescindibles, y si hicieran falta hay que adquirirlas a parte).




Porque erase una vez que tú estabas triste, y te tumbaste en el suelo a esperar tu treinta cumpleaños, y yo que iba corriendo despavorida porque en lo que se había convertido mi existencia mi aterraba, nos encontramos. Y fue un tropiezo, de esos de los que en las comedias románticas salen anillos de diamantes. Un tropiezo de esos de los que en el fútbol se enseña la roja directa. Un tropiezo de esos, que si hubiera sido literal, te hubiera costado a ti dos costillas rotas y a mi un esguince de tobillo y probablemente también algunos gritos - Pero oiga, está usted tonto, ponerse ahí en medio a estar triste en el piso, ande y haga algo, por dios, en vez de tenderse a esperar que pase algo que lo cambie todo, tarado.




Pero a veces pasan cosas... Y esta es mi historia alegre para ti, la historia de como tú estabas cansado y yo huyendo, y nos encontramos. Y es una historia que se acaba aquí, pero no se acaba, sigue con cada ruso blanco, con cada café, con cada salida de la M-30 que nos pasamos, con cada texto, con cada risa, con cada "tengo un problema", con cada "qué necesitas", con cada día que pasa y seguimos, siendo iguales en lo que somos, pero muy diferentes en lo que conformamos, desde que podemos considerarnos, y llamarnos, y presumir de ser: AMIGOS.












2 comentarios:

  1. Ante todo, debo darte las gracias:
    Por alegrarme la mañana de un lunes que prometía ser igual que las demás.
    Por sorprenderme.
    Por hacerme descubrir cosas nuevas.
    Por tu paciencia.
    Por no mandarme lejos, ya que nos perdemos juntos.
    Por que tu eres tu (tu se tu, tu eres tu)
    Por ser la primera persona de este mundo que me ha hecho llorar de alegría nada mas levantarme.
    Por ser tu con quien abro un nuevo capítulo.
    Por tu amistad desinteresada.
    Por lo que vendrá.
    Y por supuesto… por tropezarte conmigo.

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